27 de July de 2010 00:00

Gobierno petrolero

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Sebastián Hurtado Pérez

Milton Friedman dijo una vez: "Si pones al gobierno a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena".

Desde que la revolución socialista encabezada por Hugo Chávez puso al gobierno al mando de la industria petrolera de ese país, no ha hecho más que ratificar la premonición del premio Nobel de Economía.

Así como en el desierto del Sahara abunda la arena, en el subsuelo venezolano abunda el petróleo. Expertos estiman que los depósitos de la franja del río Orinoco, podrían colocar a las reservas petroleras Venezolanas por sobre las de Arabia Saudita, actualmente la nación con mayores reservas del planeta.

Considerando su vasta riqueza petrolera y el echo que los precios de los hidrocarburos han alcanzado niveles récord en los últimos años, parecía improbable que en la nación Bolivariana pudiera escasear el petróleo.

Paradójicamente, es exactamente lo que está sucediendo en Venezuela, país que cada día produce menos petróleo.

La mayor parte de expertos independientes coinciden en que, de alguna extraña manera, el gobierno venezolano se las ha arreglado para reducir su producción petrolera diaria en casi un millón de barriles durante los últimos diez años. Sólo durante el 2009, la industria petrolera venezolana se contrajo en 5% mientras que sus exportaciones cayeron en 5.9%.

El colapso de la industria petrolera venezolana -que representa más de un tercio del PIB, el 96% de las exportaciones y más de la mitad de los ingresos del gobierno- ha asestado un golpe contundente a la economía de la nación bolivariana. Así, mientras la mayor parte de las naciones latinoamericanas retomaron el año pasado el camino del crecimiento luego de la crisis financiera global, la economía venezolana se contrajo en 3.3% durante el 2009 y volverá a caer este año en 4%.

Aquello constituye una aberración económica dentro de un escenario internacional que, durante la última década, ha sido particularmente beneficioso para las economías ‘petroleras’. La mayoría han recibido miles de millones de dólares en inversión extranjera directa (IED), mientras que durante el 2009 Venezuela tuvo una IED negativa por USD 3.000 millones. Colombia y Brasil que siguieron un camino contrario, al limitar la influencia estatal en sus respectivas industrias hidrocarburíferas, han logrado incrementar su producción petrolera; a pesar de contar apenas con una fracción de las reservas que posee Venezuela.

Parecería que las autoridades ecuatorianas que sueñan a una época post-petrolera, conciden plenamente con la opinión de Friedman y por ello acaban de aprobar una nueva reforma legal que amplía el rol del Estado en la industria hidrocarburífera del país. Con el gobierno a cargo de esta actividad, Ecuador rápidamente dejará de ser una nación petrolera.

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