Roberto Salas

Gobierno corporativo

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En el mundo de los negocios se habla mucho sobre gobierno corporativo, o de la empresa, con un sesgo muy fuerte en las grandes, sobre todo en aquellas que cotizan en bolsa o emiten obligaciones que se transan en el mercado. Este enfoque limita el aporte que este concepto puede ofrecer, sean estas grandes o pequeñas empresas, estatales o privadas, familiares o profesionales, de capital abierto o cerrado, con ánimo de lucro o no.

Gobernar no es lo mismo que administrar. Y toda organización requiere de ambos. El gobierno es ejercido por la Junta Directiva cuyos miembros son elegidos por los accionistas. Los temas principales del Directorio son: definir una visión de largo plazo, aprobar y monitorear la estrategia, establecer el marco dentro del cual se tomarán las decisiones, definir el comportamiento esperado de todos los colaboradores, tomar las decisiones trascendentales, elegir y supervisar a los principales líderes, asegurar los adecuados incentivos y la sucesión de los cargos clave.

La administración está formada por los gestores, y es el equipo que propone y ejecuta la estrategia que logrará los resultados previstos. Actúan en función del marco definido por la Junta Directiva y aportan la capacidad organizacional y funcional que permite el desempeño esperado.

La interacción armónica y respetuosa de ambas instancias es fundamental para lograr el éxito; deben compartir la tarea de manejar los riesgos que pueden afectar negativamente a la empresa y las oportunidades que la harán crecer.

Las principales crisis empresariales de los últimos tiempos se han dado por menospreciar el valor del Gobierno sensato y efectivo. Gestores que toman el rol superior se hacen demasiado poderosos perdiendo la perspectiva y permitiendo incentivos económicos irracionales con poco control. Igualmente, directorios confundidos como administradores desmotivan y pierden a excelentes gerentes llegando a perder rumbo y eficiencia de gestión.

En las empresas familiares, es común ver cómo la segunda o tercera generaciones destruyen el éxito logrado del fundador. La culpa es de la destrucción previa del buen gobierno empresarial, o no haberlo consolidado correctamente. Los hijos no deben ser como los padres, y a veces sus talentos no son los necesarios para continuar el legado.

¿Por qué entonces muchas empresas no tienen un buen gobierno? En la mayoría de los casos es el recelo de los dueños o controladores de compartir el poder. Tienen la tentación de tener el poder absoluto de la empresa y de no valorar otras opiniones, por lo que eligen sus directorios con personas y políticas inadecuadas. Se acaba quien ejerce el poder, y la empresa puede acabarse con él. El adecuado gobierno empresarial es clave para la sustentabilidad de la empresa a largo plazo.

rsalas@elcomercio.org