Jorge León

¿Puede Glas ser aún Vicepresidente?

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AP, la justicia y los órganos de control pueden seguir de avestruz con la cabeza que no quieren ver los problemas sobre Glas, y continuar construyendo una muralla en su defensa legal y política.

AP se desprestigia haciendo del cinismo su característica, pues, a medida que pasan los días, las revelaciones, unas retenidas desde antes y otras recientes, se acercan cada vez a más a Glas. Glas como AP y la Fiscalía señalan que no hay pruebas sobre él. Es verdad en términos jurídicos. En cambio, hay responsabilidades políticas de quien estaba al frente de los sectores estratégicos y hay sólidos indicios que deberían llevar la Fiscalía a indagar, eventualmente a acusar.

Por encima de todo hay una cuestión de ética pública o política. En las sociedades con sólidas instituciones políticas, esos indicios ya habrían hecho que el funcionario concernido renuncie o se retire temporalmente del puesto para que se esclarezca su situación. Mal puede ejercer sus funciones si hay dudas sobre su persona, aún más si se trata de corrupción.

No es solo una cuestión de decencia personal, sino que su permanencia en el puesto desprestigia al Estado y a la política. Para la ciudadanía aparece un escenario en que no son los principios que prevalecen sino una disputa sobre quien gana sin que la justicia o los valores predominen.

Aferrarse al puesto o al poder crea esa idea que se abusa y manipula las instituciones o que se tiene algo por esconder, aún más si Correa interviene como lo hace. Jorge Glas no es un funcionario cualquiera, es el Vicepresidente, un electo que puede ser presidente mañana. Así, si él afirma que le tiene sin cuidado lo que sobre él se dice y revela, eso puede ser para él como persona.

En cambio, para el Estado, la democracia y la ética pública no es así. El debería hacerse de lado para que las indagaciones sean algo más transparentes y se desprestigie menos a la política. Renunciar sería lo apropiado. Pero ante su insistencia en que se quedaría en el puesto, la decisión del presidente Moreno es la más adecuada y lo mínimo necesario. Al nivel político, seguir en la lógica de AP de defender a Glas a capa y espada, afectaría a su gobierno. Lo que Correa y AP revelan es que tienen algo o mucho que esconder.

La decisión de Moreno hace creíbles algunos de sus discursos. Es también una indispensable afirmación de independencia de Correa y le permite ganar espacio. Su ventaja no es solo de ser un nuevo presidente, tener el apoyo popular en consecuencia y un estilo contrastante con el de los diez años pasados sino de tener a Correa interviniendo constantemente, lo cual crea rechazo y favorece a Moreno.

Ello indica que todo el sistema de Correa, hecho para controlar, reprimir y todo comandar de arriba para abajo puede deshacerse como castillo de naipes.