César Augusto Sosa

Un gastador con tarjeta de crédito

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El Estado ecuatoriano es el típico cliente de la banca que no paga a tiempo, se sobregira con la tarjeta de crédito y acude a los avances de efectivo para pagar el mínimo a fin de mes.

Este tipo de clientes suelen tener una calificación baja en el sistema financiero y debe ir a clases para aprender a manejar sus finanzas y bajar sus deudas.

En el caso del actual Gobierno, lo anterior se cumple a medias. El Régimen se resiste a ajustar sus gastos a la nueva realidad de sus ingresos, lo cual hace inviable sus finanzas y afecta su calificación crediticia.

El mercado internacional cree que Ecuador es un cliente riesgoso porque sus ingresos petroleros han caído y eso aumenta las probabilidades de que no pueda cancelar sus obligaciones a tiempo.

Además, el Gobierno ha dado señales en el pasado de que pese a tener plata no ha querido pagar, lo que también contribuye a la hora de evaluar un nuevo crédito.

Todo lo anterior se evidencia en el denominado riesgo país, un indicador que cerró en 1 678 puntos el viernes pasado, una cifra bastante alta comparada con otros países de la región. De hecho, Ecuador tiene el riesgo país más alto luego de Venezuela.

Con ese indicador, el mercado financiero internacional le dice al país que si quiere un nuevo crédito deberá pagar alrededor del 20% de tasa de interés, cuando otros clientes pagan la mitad o menos.

Y esto ocurre pese a que el Gobierno ha cumplido con otras obligaciones como el pago de los bonos Global y ha prometido cancelar una indemnización a la petrolera Oxy.

La explicación está en que el mercado, al igual que los bancos, evalúa la capacidad real de pago del cliente y analiza si sus finanzas son viables. Y la realidad es que la mayor fuente de recursos del país -el petróleo- prácticamente ha desaparecido, pese a lo cual el Gobierno mantiene su nivel de gasto. Y para mantenerlo ha dejado de pagar a proveedores o está haciendo avances de efectivo para pagar otras deudas, lo cual es insostenible.