Jorge León

Ganó la rotación

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La mayoría de ecuatorianos buscaba un cambio de gobierno. Aún los indecisos que optaron a último rato, expresaban una no adhesión al gobierno. Ello a pesar del empobrecimiento de propuestas e ideas que dificultaba optar por un partido sin estar tentado por el nulo.

La rotación gubernamental, por lo demás, es necesaria luego de dos períodos de gobierno, de una década. Lo es más en el sistema presidencial y en un sistema de gobierno que no es de partido, con lo cual tiende a ser un gobierno personalista, de apoyos directos a la persona, de una jerarquía de núcleos de grupos de personas, cada cual con sus propios intereses y no tanto de tendencias políticas.

La rotación luego de largos períodos de un gobierno puede ser necesaria aún si cumplió bien su tarea. Evita que estos solo vean sus propias ideas e imágenes de sí mismo, que así se imaginen que ellos son la realidad, el pueblo y la verdad. Rotar ayuda a gobernantes y partidos a renovar sus propuestas, pues la sociedad cambia mientras el poder tiende a encapsular los gobernantes en su alrededor, hecho de pocos críticos y de muchos interesados. A la postre, empobrecen la política, pues el debate se torna sobre personajes siempre presentes, sus ideas pesan menos y cuenta más sus actuaciones por ridículas sean. Los que están en el poder por largo tiempo se consideran con más derechos que los debidos y fácilmente pasan por encima de las normas para favorecer a intereses particulares, incrementan la corrupción o la vuelven “normal”, los abusos de multiplican, se consideran inmunes a la mirada pública.

Esto se agiganta con un gobierno como el de AP que inició pretendiendo eternizarse, concentró poder, creó un sistema de control de los oponentes o de silenciamiento al limitar o chantajear “legalmente” a la prensa y a la sociedad. Impide así que se conozca la realidad. “Confíen en mí”, repetía Correa, es decir no busquen otras buenas razones o acepten lo que dice el oponente. Solo importaba como organizaba la gestión, despolitizaba la vida pública.Ni el gobierno ni la oposición entonces priorizan propuestas más elaboradas, están enfrascados en la polarización del por o contra el gobierno. Así, la sociedad se vuelve conservadora, vive el qué-me-importismo de la cosa pública y el empobrecimiento de ideas y propuestas, termina dejando todo en manos de las minorías en el poder. La sociedad y el poder se vuelven más oligárquicos.

Es sano, en cambio, para un buen gobierno que los gobernantes sientan que serán juzgados y que estén al acecho de la crítica y de las exigencias ante lo que han prometido. Renovar gobernantes y no permitir que se eternicen y apropien del poder es una necesidad democrática y de convivencia ciudadana.

Esta votación debería aleccionar a AP, para renovarse y dejar de ser simple apoyo a un caudillo.