Marco Arauz

Ganar la elección no basta

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Hace unos días escribí en esta columna que el líder es quien está en el sitio y el momento indicados, y que el 2 de abril ganará quien interprete mejor el país que quieren los electores.

Es una pena que estos no hayan podido escuchar hoy a los finalistas en el diálogo fallido, para hacerse una mejor idea de su catadura, más allá de las tarimas, las ofertas y los planes.
Pero ganar las elecciones no significa, necesariamente, estar mejor preparado para gobernar y afrontar con éxito los retos económicos, políticos y sociales de un país.

La fórmula es más compleja: hay que interpretar bien al votante para ganar, estar bien preparado para enfrentar las circunstancias y, además, poder rodearse de los equipos adecuados.
Evidentemente, los errores se notan menos y el ecosistema es más flexible cuando hay bonanza.

Basta echar una mirada a la historia local y mundial para ver la estrecha interrelación entre inestabilidad económica y política. De hecho, algunos teóricos creen que el éxito en las urnas depende de gestionar las cosas de forma tal que el ciclo económico se alinee con el ciclo electoral.

Se pueden ganar varias elecciones cuando hay suficientes ingresos para gastar. Los créditos y las preventas petroleras, el uso de los fondos de contingencia, los buenos ingresos por materias primas, las remesas y los rendimientos tributarios hacen la receta exitosa para mantener la popularidad y prodigarse en elecciones y consultas.


La vigencia de ese esquema, a la vez que desvanece la conciencia de las mayorías -e incluso de la clase media- sobre la institucionalidad y los derechos civiles, hace prácticamente innecesario esforzarse para armar un modelo productivo eficiente. Se prefiere seguir endeudándose y patear el ajuste para más adelante. La soberbia política se vuelve ceguera económica.


Se acaba de decretar que la recesión económica ha terminado en el Ecuador. Se supone que esa es una ratificación de que ‘la mesa está servida’ para quien vaya a Carondelet. Por fortuna, ninguno de los finalistas se lo cree y sabe que tendrá que esforzarse mucho en materia de deuda, de productividad y de comercio exterior. No hay almuerzo gratis.
Como continuador de la llamada ‘revolución ciudadana’, Lenín Moreno tiene herencias difíciles de administrar, peor todavía si entre ellas incluye a los gestores del modelo económico de estos diez años.

Su foco será lo social, pero no podrá dejar de preocuparse de la economía, de los ingresos. Le dará poco peso a la reforma política-institucional.
 Desde una visión contrapuesta sobre el papel del Estado y del sector privado, Guillermo Lasso le dará más peso a la reforma política y a la economía.

El Ecuador necesita un líder que no solo sepa llegar a Carondelet sino que tenga las aptitudes y el equipo para sortear las dificultades en el horizonte. Así de fácil la tenemos los electores.