Walter Spurrier

Retorno al futuro

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En la segunda película de ese nombre, que salió en 1989, los personajes viajan en el tiempo a octubre de 2015. La trama es la maravilla de los avances, destacándose los carros voladores.

No hay carros voladores. No estamos ni cerca. Lo que es más: mucho antes de la película, cuando era estudiante universitario en California, asistí a una exhibición de Chrysler en la que predecía para el corto plazo, antes de los ochenta, carros que flotarían sobre el pavimento. Ni eso.

Lo que nos lleva a un tema más de fondo: las predicciones del siglo XX sobre el avance tecnológico en el siguiente siglo, el actual, resultaron exageradas. Y esto se debería a que proyectamos hacia el futuro el ritmo de cambio del pasado.

Una serie televisiva de la BBC de enorme éxito, Downton Abbey, narra la historia de una familia aristocrática británica de fines del siglo XIX hasta después de la Primera Guerra Mundial. Unos treinta años. Cuando la serie empieza los aristócratas se desplazan en carrozas; en la temporada actual la hija se casa con un corredor de automóviles. Tanto esos vehículos innovadores de los años veinte, como los actuales, casi un siglo después, funcionan con base en la combustión interna
En los años cincuenta se podía viajar en avión; sesenta años después los aviones son más seguros y los costos menores. Pero es el mismo medio de transporte.

Entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del XX aparecieron la electricidad, los teléfonos, el agua potable y alcantarillado y grandes avances farmacológicos, por añadidura a los vehículos. En cambio, si comparamos como vivía una familia de clase media poco antes de la mitad del siglo XX y ahora, la principal diferencia cualitativa es Internet y las redes sociales.

Es que el período innovador de cambio de siglo XIX a XX fue único y retornamos a la era de avances modestos. Esa es la tesis de un afamado economista estadounidense, Robert Gordon, quien acaba de publicar un libro en que mantiene esa tesis, y que está haciendo sensación.

Pero, simultáneamente, el alemán Klaus Schwab, presidente del World Economic Forum, publica el suyo, ‘‘La Cuarta Revolución Industrial’, donde predice que los avances de la tecnología digital van a cambiar al mundo a una velocidad nunca vista: las revoluciones industriales previas avanzaron de manera lineal, la actual es exponencial: inteligencia artificial, robótica, nanotecnología, computación cuántica; interactúan las innovaciones cibernéticas, físicas y biológicas. Todo lo cual cambia de manera imprevisible los sistemas de producción, administración e incluso gobernanza.

Los dos puntos de vista no pueden ser más contrastantes. Quizá Gordon no se percata que el cambio tecnológico no parte de la tecnología existente, sino que estamos al inicio de otra era de gran innovación con una tecnología totalmente diferente.