Marco Arauz

Francisco, ¡qué papa!

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
24 de March de 2013 00:03

Los argentinos festejaron su elección como si se tratara de un triunfo deportivo mundial, pero la euforia contagió a toda la región. Desde el primer día, Francisco no ha dejado de sorprender con su sencillez y con su capacidad de producir mensajes.

Aparentemente no solo viene a llenar la aspiración de una región mayoritariamente católica de contar con Papa propio. Quizás está destinado a construir un liderazgo que rebase el ámbito eclesiástico, apropiado para unos países de vocación católica, con orientación a la filiación y en los cuales, si bien la clase media ha crecido consistentemente en los últimos años, la pobreza es un gran pasivo.

Se trata, en efecto, de alguien que trae un mensaje en pro de los menos favorecidos. No lo hace desde la Teología de la Liberación sino desde una posición más conservadora. Sin embargo, su prédica por los humildes se funde con su humildad, algo que lo vuelve muy consistente y creíble.

Para consolidar su liderazgo cuenta, además, con algo que parece consustancial a los líderes de este tiempo: una gran capacidad de comunicación, que se tenía bien guardada. Desde su nombramiento ha producido hechos mediáticos que rivalizan con los que crean los políticos más avezados de la región a través de monólogos semanales, cadenas, entrevistas concertadas y publicidad oficial.

Estos políticos se entremezclaron con las decenas de jefes de Estado que viajaron al Vaticano para reconocer al carismático y humilde Francisco como jefe de la Iglesia Católica, aunque eso signifique hacer la vista gorda ante mensajes incómodos, como, por ejemplo, aquel a favor del papel de los medios, algo que va francamente a contramano con lo que predican y practican.

O que, como Cristina Kirchner, hayan tenido que dejar en el vestíbulo la arrogancia con la cual lo trataron en el pasado, o hacer como si jamás hubiese existido la campaña secreta para oponerse a su elección como Pontífice, por su supuesta colaboración con la dictadura argentina.

Fidel Castro se eclipsó, mientras su régimen es cada vez más cuestionado por una floreciente sociedad civil cubana; Hugo Chávez ya no está y sus herederos luchan por cobijarse bajo su legado, lleno de claroscuros. Un amplio sector de Latinoamérica sigue ávido de mensajes de esperanza. Buen comunicador, dueño de un discurso creíble para los pobres, Francisco trae además un mensaje de tolerancia. Y ese solo hecho le da una gran ventaja sobre los líderes más bullangueros del continente, que mantienen convenientemente polarizadas a sus sociedades, de modo que a sus integrantes no les queda más que estar a favor o en contra. Si Francisco no llena ese vacío, ojalá al menos influya para que varios de esos líderes sean consecuentes con la sensibilidad que mostraron en suelo vaticano.