Alfredo Negrete

Francisco, Javier y Asís

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21 de March de 2013 00:01

El hecho más significativo de la personalidad del papa Francisco son sus posiciones respecto a principios reiterados -no dogmas- de la Iglesia y a su innegable vocación por lo social y sus críticas al poder en su país, la República Argentina. En cuanto a lo primero, sus definiciones son claras y directas sobre los temas polémicos que agitan a la comunidad católica como son, entre otros, la permisión del aborto, el matrimonio entre personas de un mismo sexo, así como el magisterio religioso de las mujeres.

En cuanto a lo segundo, sus expresiones han sido coherentes y corresponden a un pastor que siguiendo los mandatos evangélicos está por los más pobres, sus derechos y su reivindicación dentro de la socied. En este campo el choque o discrepancia frontales con el Gobierno, los medios oficiales y sus periodistas remunerados son inocultables. Como anécdota, es cabe destacar que mientras en los canales privados argentinos informaban y celebran detalles de la elección, los del Gobierno durante 10 minutos continuaron exhibiendo un tira cómica, hasta que debido al tono subido de su población que casi celebró como una conquista deportiva, debieron informar la elección del compatriota.

Es importante entre las reacciones albicelestes, el comunicado de la comunidad judía en expresiones de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas-DAIA: "Sin dudas constituye un hito significativo que un compatriota de tan distinguida trayectoria asuma la máxima jerarquía de la Iglesia Católica. El cardenal Bergoglio ha brindado sobradas muestras de su sensibilidad, compromiso social y humanístico, así como con su vocación de diálogo fraterno con la comunidad judía, en el espíritu del Concilio Vaticano II".

Si el nuevo Pontífice logra privilegiar una política como sus antecesores, particularmente la de Juan XXIII y separa el tratamiento inmediato de los temas más polémicos que contradicen la ortodoxia, su obra podrá ser muy trascendente. Además, la conducción religiosa y moral de su comunidad obliga a una a tarea de depuración en los campos morales del sacerdocio; luego, si logra la asesoría profesional de primer nivel, oxigenar los filtros de control de los recursos vaticanos. Solo entonces habrá sellado su puesto en la historia positiva de la Iglesia Católica. Como pocas veces, este pontificado depende del mensaje y orientación de aquel oriundo del barrio Flores en Buenos Aires. Si su contenido no es abstracto o ecléctico, sino preciso y directo, constituirá un extraordinario aporte a una iglesia que lo recibe en una singular paradoja histórica: millones de fieles y una vivencia comunitaria afectada por indicios de corrupción de diversa índole.

Resulta significativo que haya escogido, el nombre de Francisco, en homenaje al santo de Asís por su vocación social, y con fervor jesuítico, también el del histórico misionero San Francisco Javier que bajo ningún concepto es signo de opulencia, vanidad, peronismo o prensa oficial.