Óscar Collazos

La foto

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El Tiempo, Colombia, GDA

El hecho: la retención, según ellos; el secuestro o privación violenta de la libertad, según el sentido común. El uno fue tan escandaloso como su representación gráfica: es la foto donde secuestrador y secuestrado sonríen vestidos de civiles a las cámaras en el momento en que el general Rubén Darío Alzate es entregado al Comité Internacional de la Cruz Roja por el comandante alias ‘Pastor Alape’.

Para muchos, el general de la República fue obligado a aparecer fingiendo cortesía ante quien debería expresar indignación y rabia, mientras el comandante guerrillero finge amistad. Comprensible: para las FARC, la devolución de Alzate y sus dos acompañantes ha sido un gesto de “generosidad” que se suma a la intención de seguir sentados en la mesa de negociaciones con el Gobierno, que, de su parte, tomó por demasiado grave el secuestro.

Los de siempre pegaron el grito en el cielo. Por eso, desde un comienzo, creímos que el ‘papayazo’ del general Alzate era un plato apetitoso servido en dos mesas: la de los de siempre, es decir, de la corriente más hostil al modelo de conversación adoptado por el gobierno de Santos, y la de las FARC, que se dio el lujo de retener sin uniforme y en paseo selvático a un general de la República, en una insólita “acción de guerra”.

Una tercera lectura de la foto hablaría del aguerrido temperamento del general Alzate y de su aún viva capacidad de ocultar en una sonrisa la doble humillación de haber sido “capturado” en ropa de civil y haber sido tratado como secuestrado de uniforme. A su lado, se muestra la cara adusta de alias ‘Pastor Alape’. Pero Alzate sabe que la foto le dará la vuelta al mundo y que no va a salir en pantaloneta y cabreado. Su expresión no es de perdón. Es un lapsus en su vida militar.

La lectura de la foto, según la semiología de la guerra, es implacable: si “ellos” (el Estado contra el que se sublevaron) pueden mostrar los cadáveres de “nuestros” hombres destrozados por las balas y bombas; si el conflicto no ha cesado y se sigue negociando en medio del plomo de las partes, ¿por qué sería humillante retratarse con una valiosa “pieza” del “enemigo” capturada y luego “liberada” en gesto de buena voluntad? ¿Qué tiene de humillante, comparado con el cadáver de ‘Raúl Reyes’, mostrado mil veces en la televisión?

Sé que esta es la más polémica de las lecturas, pero no hay hecho que no sea visto desde las perspectivas de sus actores. Para evitar esta clase de reflexión, se estuvo negando la existencia del conflicto, reduciéndolo a la acción criminal de un grupo terrorista sin ideología, enfrentado a la legitimidad del Estado y sus fuerzas militares. Por esa vía, sin embargo, no se abrían caminos para llegar a la paz. El único sería la derrota militar de las guerrillas.

Una última lectura, sin duda simbólica, les quita peso a las anteriores. El abrazo simulado de alias ‘Pastor Alape’ con el brigadier Alzate fue publicado por error. Debió ser guardado en los archivos de hechos curiosos de esta fase y sin el perverso pragmatismo mediático de las FARC. Estoy casi seguro de que esa foto, por ahora inoportuna y ciertamente humillante, va a repetirse, en un futuro.