Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
29 de May de 2012 00:01

Una información transmitida por agencias hace pocos días decía que Mariela, hija de Raúl Castro, defendía los derechos de los gay en Estados Unidos. Su tío y su padre enviaban a los campos de concentración a todas las personas que manifestaban opciones homosexuales, en tanto que en algunos países gobernados por ayatolás fundamentalistas aún son apedreados.

Así de intolerante se han manifestado algunas sociedades pese al avance que se registra en todo el planeta en torno a las personas que buscan una opción diferente a la clásica, a la establecida, a la que se supone correcta.

Debo reconocer que siempre me manifesté indiferente a este tema hasta que presencié asombrado en Sao Paulo lo que los organizadores denominan ‘Parada del orgullo gay’. Más de un millón de lesbianas, homosexuales, transgénero, etc. en las calles de esa ciudad, quedé impactado. Como periodista me tocó describir lo que nunca antes había visto y mi visión cambió desde entonces.

Nunca había entendido eso que tanto se repite de que hay gente que sale del clóset, hasta que leí la ‘Oda a Walt Whitman’ de Federico García Lorca (1898-1936). Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman / contra el niño que escribe / nombre de niña en su almohada / ni contra el muchacho que se viste de novia / en la oscuridad del ropero / ni contra los solitarios de los casinos / que beben con asco el agua de la prostitución / ni contra los hombres de mirada verde / que aman al hombre y queman sus labios en silencio.

Si tanto se habla de democracia e igualdad es necesario que abramos nuestra mente y aceptemos que hay otras realidades diferentes a las convencionales. Incluso si queremos apelar al tema de la creación de Dios: “hombre y hembra los creó”. Porque Dios también habla de misericordia, no juzga. Cristo hablaba de los sepulcros blanqueados, es decir de aquellos que se dejan llevar por la religiosidad y no tienen misericordia ni compasión por el prójimo.

Los tiempos han cambiado, pero el respeto por el prójimo es ancestral. Hay fobias que son inevitables, como por ejemplo el temor a las alturas, al encierro, a las arañas, incluso a algunos colores, pero hay otras fobias que caen en el terreno de la intolerancia, eso es muy grave. Los tiempos de apedrear a la mujer adúltera cambiaron. Es cuestión de recordar el desafío de Jesús al que esté libre de pecado que lance la piedra a la mujer sorprendida en adulterio.

Es difícil, ni el mejor de los médicos puede dictar una receta contra la homofobia. En estos tiempos, donde se imponen los insultos por sobre las razones, es muy difícil proponer un consejo. La intolerancia que se riega desde el poder político hasta los últimos rincones de la sociedad parece no tener fin, por eso será muy difícil erradicar la homofobia, pero hay que intentarlo.