16 de February de 2013 00:00

La flecha del sufrimiento

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Gustavo Estrada

El Buda dice que hay personas de mente condicionada por apegos y aversiones, y personas de mente ecuánime sin preferencias ni sesgos. Unas y otras enfrentan por igual adversidades, pero sus reacciones son diferentes. Ante una desgracia, según el Sabio de la India, "los condicionados experimentan pena, como es natural e inevitable, y después se obsesionan con la tragedia que les ha ocurrido. Su comportamiento es como si inicialmente se les clavara una flecha física y luego una flecha mental; esta segunda flecha, más duradera y punzante, termina haciéndolos esclavos del sufrimiento. Los ecuánimes, por su parte, también sienten la pena de las desgracias pero pasado un tiempo las dejan atrás, corrigen las cosas remediables y aceptan las que no lo son.

Recientemente la suerte me asestó el golpe más despiadado que he recibido en mi vida: uno de mis hijos murió en un ataque terrorista islámico en Argelia. Quiero creer que mi intolerable pena es solo una primera flecha y que su intensidad amainará más temprano que tarde.

El Buda sostiene que la atención plena es el camino que debemos seguir para esquivar las segundas flechas.

Sin embargo, copiando al poeta Porfirio Barba Jacob, mi dolor es "tan íntimo y tan fiero, de tan cruel dominio y trágica opresión", que mi confianza en las enseñanzas del Buda parecieran estar tambaleando.

Sugiere el filósofo Stephen Cave que los humanos, cuando rechazamos la transitoriedad de nuestro viaje cósmico, nos inventamos diversas leyendas de inmortalidad, sea por extensión de años con procedimientos mágicos o biológicos, por la creencia en una existencia posterior como producto de algún fenómeno metafísico, o por la expectativa de recordación eterna por las buenas obras que hayamos ejecutado en esta 'primera' vida.

Hay una alternativa adicional que no consideró el pensador británico. Los genes, bien lo sabemos, son la unidad de la herencia, y la información codificada en cada uno de ellos es eterna. Dice el biólogo evolucionista Richard Dawkins que en el proceso de reproducción de los seres vivos "cada gen salta de cuerpo a cuerpo, a través de generaciones, dejando atrás una sucesión de organismos perecederos antes de que estos se hundan en senilidad y muerte. Los genes son inmortales o, más bien, están definidos como entidades genéticas que bien pueden merecer tal título".

Dicen quienes han pasado por semejante tragedia que la primera flecha de la muerte de un hijo es más duradera que la de cualquier otro ser querido. Mi frustración solo significará que mi consciencia de las señales del sufrimiento está lejos de ser plena e imparcial. Si no logro estar atento a mi cuerpo, a mis sensaciones y a mis estados mentales, la segunda flecha de la metáfora budista me acompañará hasta el final de mis días. Confío en que la meditación me ayudará para que así no sea, porque ¡qué horror!, cómo duele la muerte injusta de un hijo.

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