Miguel Rivadeneira

El festín del correísmo

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Las denuncias han sido formuladas por el propio Presidente de la República y presidente del movimiento oficial Alianza País. Corroboradas con informes de la Contraloría del Estado y muchos casos están en investigación en la Fiscalía General. Todos estos hechos pretenden demostrar que durante los diez años del correísmo hubo un festín impresionante de los recursos del pueblo, que como nunca antes había recibido el Estado, que fuera matizado con fiestas, bailes y cantos en Carondelet, mientras dejaron endeudado al país en forma irresponsable.

Eso explica el hecho sin precedentes del control absoluto de todos los organismos del Estado y también la expedición de la Ley de Comunicación para sancionar a los medios de comunicación que denuncien corrupción o irregularidades o perseguir a investigadores y activistas sociales. Unos fueron a la cárcel y otros como afrenta tienen que caminar con grilletes, controlados por el rezago nefasto del correísmo.

Hace poco, el Primer Mandatario reveló que el régimen detectó graves fallas estructurales, legales y financieras en 640 proyectos, cuyos contratos sumaban al inicio USD 2 138 millones pero terminaron en 3 975 millones (exorbitante aumento con los contratos complementarios) y hoy se requiere más de un mil millones para terminar las obras inconclusas. Ha sido una danza de miles de millones. No solo que hay problemas económicos sino legales, confirmados por la Contraloría, con graves indicios de responsabilidad penal. Existe un tercer grave problema: las obras ni siquiera fueron bien hechas. Tres ejemplos de lo que el régimen pasado hizo con mucha propaganda: su obra emblemática de Yachay, la repotenciación de la refinería de Esmeraldas y la refinería de El Pacífico. A estas obras se suman otros proyectos grandes con serios problemas y costos aumentados. Según el Presidente, en un 60 o 70 % de obras salta pus.

Cada semana salen numerosas denuncias e indagaciones en diversos sectores del Estado. No son cosas pequeñas ni aisladas. Fue una política sostenida con el engaño y la propaganda en nombre de la revolución ciudadana, liderada por quien hoy está desesperado y angustiado porque no se destape toda la realidad de la década ganada, pero para él y sus seguidores ovejunos, que enceguecidos defienden sin sustento ni pruebas de descargo.

El manejo desastroso de los denominados medios públicos, que demuestran que no fueron eso. Ni siquiera medios gubernamentales sino correístas, que siguieron y defendieron a una persona en el poder. Vergüenza deberían tener aquellos que, no todos por cierto, también como ovejunos, obedecieron al poder y llevaron un libreto único, equivocado, no profesional. El argumento oficial de hoy: se manejaron en forma mediocre, propagandística, dispendiosa e indolente con sus trabajadores.

mrivadeneira@elcomercio.org