Pablo Ortiz García

Festejar, ¿por qué?

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6 de December de 2013 00:01

Hoy, 6 de Diciembre, se conmemora un año más de la fundación española de Quito. Hace años, por iniciativa de periodistas de diario Últimas Noticias, "el Diario de la Capital", se organizó la Serenata a esta Ciudad, lo que sucedía la noche del 5 de Diciembre. Eran veladas en que la gente salía a las calles a bailar, pasear, compartir y, sobre todo, a gritar con sentimiento, ¡viva Quito! Se iba de barrio en barrio, se cantaba, se asistía a conciertos organizados por los residentes de un determinado sector de la ciudad. Los quiteños nos movíamos con paz y seguridad, sabiendo que la risa, la distracción y la alegría abundaban en esa noche quiteña.

Los alcaldes se preocupaban de organizar la parte cultural, sin olvidar la "farra". Los habitantes de Quito se preparaban para esos días. Los comerciantes, pequeños y medianos, hacían buenos negocios y obtenían ganancias. Los primeros días de diciembre había más empleo; la economía se movía (al igual que la diversión), y se disipaban, al menos por unas horas, las preocupaciones cotidianas.

Los quiteños se sentían orgullosos de su ciudad. La cuidaban y respetaban. Las paredes no se usaban, como ocurre ahora, para insultar o desprestigiar a todos aquellos que no pertenecen al partido de Gobierno. Quito, para la mayoría de habitantes de Ecuador, era una bella urbe, que avanzaba pujante hacia su desarrollo. Los quiteños se ufanaban al referirse a la capital. Los turistas, nacionales y extranjeros, alistaban maletas para aterrizar en esta bella ciudad la primera semana de diciembre de cada año. El motivo: las fiestas y los espectáculos tradicionales, entre ellos, y fundamentalmente, las corridas de toros. Gente de Perú, Colombia y España llegaban a Quito a festejarla.

Hoy sin un liderazgo desde el Municipio; sin el sentimiento de amor hacia la capital; con las divisiones tan profundas entre los "unos" y los "otros"; en una ciudad peligrosa; con gente decepcionada; y sin un buen número de habitantes que emigran de Quito, unos para tener paz, y otros para ganarse el pan de cada día en ciudades cercanas en donde se realizan lo que constituye el motor de las fiestas de esta urbe (las corridas de toros completas, no mutiladas), ya nadie grita ¡viva Quito!, ni siquiera se escucha, por temor a las autoridades, el tan falto de originalidad, ¡qué beba Quito!; y menos aún el cariñoso "toquen trompudos", en referencia a la Banda Municipal. Las fiestas de Quito ahora se las celebra fuera de Quito, a donde se trasladó el buen humor.

Quito perdió su esencia y dignidad. Sus habitantes no encuentran en los líderes locales, alguien que defienda los intereses e histórica independencia. Los Quitus se habrían alzado en protesta, pero resulta que ahora la mayoría de habitantes de esta zona son timoratos y silenciosos .