Milton Luna

Felicitación a la copia

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26 de julio de 2014 00:05

Milton Luna Tamayo
mluna@elcomercio.org

Esta es una tierra de locos…, contradictorios y cínicos. Mientras desde hace varios años se impone y sostiene en el sistema educativo y en la sociedad en general un modelo “meritocrático” que gira alrededor de exigencias y evaluaciones estandarizadas que tienen impactos impredecibles en cientos de miles de niños, niñas y jóvenes; mientras el mismo modelo ha construido símbolos de “excelencia” profesional y humana cuya máxima expresión son los títulos, especialmente de los PhD; simultáneamente los mismos responsables del modelo, de manera incoherente erigen a la “copia” y al fraude como una suerte de “valor” a ser asumido por todos los ecuatorianos.

Hace pocos días la Asamblea Nacional emitió una “felicitación” a un cantante triunfador de un programa de imitadores que, con bombos y platillos y sin rubor, una televisora transmitió en horarios estelares. Ya en sí, ese programa fue una afrenta a la inteligencia y a la creatividad que son la base del arte, del pensamiento y de las ciencias.

La capacidad de crear, imaginar, inventar, generar nuevas ideas y conocimientos hacen libre, autónoma y madura a una persona o a un pueblo. Su incapacidad de crear lo hacen ciego, sumiso y esclavo. De allí la importancia de una educación que también desarrolle la creatividad. Pero la educación no solo se realiza en la escuela, se la hace en múltiples espacios, uno de ellos en los medios de comunicación. Por esta razón, un programa de TV que auspicia y promueve la “copia”, que es contraria a la capacidad de creación, es un mensaje nefasto para decenas de miles de niños y jóvenes que deberían aprender a pensar por su propia cabeza y a liberar su sensibilidad y espíritu. Pero la “copia” no es solo un tema cognitivo, es también un atentado contra la ética, ya que pavimenta el camino a la corrupción.

Pero el daño causado por este programa de TV ha sido reforzado nada menos que por la Asamblea Nacional al emitir la mentada “felicitación”. De esta manera, la política erige a la “copia” en un “valor”. Pero no es la política en general, sino la de la revolución. ¿Cuán conscientes de todo estos son los jefes de Alianza País? ¿Pedirán cuentas de esto a sus “cuadros” de la Asamblea?

Debemos recordar que toda acción de los líderes, padres y madres de familia, dirigentes políticos, profesores, se convierte en un hecho pedagógico que forma o deforma a nuestros estudiantes o a nuestros hijos. Si les exigimos que sean honestos, trabajadores, estudiosos y creativos, no aplaudamos los antivalores ni convirtamos a nuestros defectos en ejemplos a seguir, que tal mensaje contradictorio a la larga está formando una sociedad de cínicos y perezosos.

Mientras tanto, exijamos a los medios, calidad en sus programas y a las asambleístas, que se ubiquen y entiendan la representación que ostentan.