Pablo Ortiz García

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portiz@elcomercio.org

Es un pena que un funcionario público, en este caso de rango internacional y expresidente de Colombia, no solo perdió una brillante oportunidad de quedarse en silencio, sino también de permanecer en su oficina, en vez de ir a mítines en que la política partidista se hace presente, olvidando que ostenta un cargo que se debe a todos los países que conforman la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, y no al Gobierno de la nación en donde tiene la sede dicha organización, es decir, en Ecuador. Quiere quedar bien con el país anfitrión, pero no recuerda al resto de integrantes.

De conformidad con el Tratado Constitutivo de Unasur, esta tiene por objeto, según el artículo 2, construir “un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos” (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela).
De lo que conozco, no todos los países mencionados pertenecen al llamado “socialismo del siglo XXI”. Por ello, el Secretario General de Unasur no puede, ni debe, concurrir a reuniones organizadas por gente de una corriente política, por más que sea “dueña de casa”.
El Secretario General de Unasur tiene funciones específicas según el tratado de constitución. No consta la de identificarse con ningún movimiento político por importante que fuere. Debe “proponer iniciativas y efectuar el seguimiento a las directrices de los órganos de Unasur… Coordinar con otras entidades de integración y cooperación de América Latina y el Caribe para el desarrollo, las actividades que le encomienden los órganos del Unasur” (10). Estar en una mesa directiva de una tendencia (existiendo muchas en los otros países), es un error garrafal.
Otra equivocación cometida por este funcionario internacional fue realizar una declaración afirmando que en el asesinato de un asambleísta venezolano, perteneciente al partido político que gobierna esa nación, podrían haber intervenido paramilitares colombianos. No puede sostener lo que dijo, máxime si la opinión fue expresada pocas horas después del horrendo crimen de un ser humano. No creo prudente sostener ideas, como las señaladas siendo alto funcionario cuya misión es acercar a los países, y no, sin querer, alejarlos. Una declaración así puede generar, entre dos países cuyas relaciones no son del todo fáciles, conflictos luego difíciles de superar.
El Secretario General de Unasur lo que menos está haciendo es fortalecer un diálogo entre los países que conforman esta organización. Tampoco se le ha visto apoyando “la lucha contra el terrorismo, la corrupción, el problema mundial de las drogas, la trata de personas…” (3, letra q). El actual Secretario General de Unasur inició con un par de traspiés su gestión. Ojalá se dedique a trabajar en lo que requiere esa organización, y no en intentar quedar bien con ciertos grupos.