Miguel Rivadeneira

El fantasma de Venezuela

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En medio de la ruptura de la democracia, la demolición de las instituciones, violación de DD.HH. y la enorme corrupción en el gobierno de Venezuela, en contraste con la pobreza y escasez de todo, el jefe supremo decía hace poco que la situación interna se estaba recuperando. Los hechos, no los discursos ni la propaganda oficial, reflejan lo contrario. La revolución bolivariana le ha llevado a la más grave crisis, con los peores indicadores en el mundo, una inflación de más del 350 %, su capital la ciudad más violenta y con altos índices de delincuencia y homicidios, una escasez alarmante de alimentos y medicinas, que no son inventos de nadie sino una realidad inocultable.

En Ecuador el discurso oficial comienza a señalar que la situación económica se recupera, justo cuando se aproximan las elecciones. Algo se parece con Venezuela en políticas y membretes, desde el socialismo del siglo XXI. Asamblea Nacional, Consejo Nacional Electoral, función de Transparencia y Consejo de Participación Ciudadana. Control de todos los poderes, Constitución, corrupción no aislada. Hoy el discurso unificado es denunciar el fantasma de otro Plan Cóndor cuando los países que sí sufrieron de eso, Chile, Argentina, Brasil, no comparten la tesis.

Será que ‘tan bien se han hecho las cosas’ que el candidato presidencial oficial adelantó que de llegar al poder buscaría generar confianza y apertura. Apelaría a los multilaterales y a la banca internacional para adquirir deuda más barata para cubrir la deuda cara. Revisaría el impuesto a la salida de capitales. Tendría que renegociar la deuda externa, buscar plazos más largos y tasas menores de interés. Un tácito reconocimiento de que lo que se ha hecho los últimos tiempos, en medio de acciones urgentes para cubrir el enorme gasto público, no ha sido bueno. El país ha sacado bonos a plazos cortos y tasas onerosas del 10,75 %, cuando naciones vecinas, con mejor imagen y confianza de los inversionistas que se refleja en el bajo riesgo país, lo hacen a menos de la mitad.

La CEPAL estimó hace poco que la economía ecuatoriana se contraerá en menos del 2,5 % y espera que el PIB se recupere en el 2017 y registre una cifra modesta del 0,5 %. Mientras tanto, informes oficiales sostienen que hay mejoramiento de la situación, en medio del reclamo para que se transparente y entreguen cifras completas. Según una investigación de Cordes, por toda la deuda externa contratada en esta administración (especialmente bonos y deuda con China), el próximo gobierno tendría que destinar en promedio 3.300 millones anuales solo al servicio de esa deuda (intereses y amortizaciones). Desde el 2014 el régimen lleva emitiendo 5.500 millones en bonos en el mercado internacional a las tasas más altas de la región (entre 7,95 y 10,75 %), papeles que cada año habría que pagar solo en intereses 516 millones. ¿De dónde saldrá?

mrivadeneira@elcomercio.org