Columnista Invitado

El mercado y el cambio climático

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Fander Falconí
Alrededor de esta fecha, comienza la temporada de lluvias fuertes y el descenso de la temperatura promedio en la Sierra norte del Ecuador. Como el 4 de octubre la Iglesia Católica celebra al santo de Asís, la sabiduría popular llama al primer aguacero torrencial de octubre “el cordonazo de San Francisco”. Pero este año no había ni una nube en el cielo y la temperatura estaba elevada.

El calentamiento global se siente en todas partes. Lo dificultoso es que apenas ha subido 3/4 de grado centígrado la temperatura promedio desde la Revolución Industrial. Si menos de un grado de aumento nos aflige, ¿cómo serán cuatro grados como se pinta en el peor escenario para 2100?Julio de 2015 ha sido el mes más caliente desde que se tienen registros mundiales de temperaturas. Este verano boreal fue tan caluroso en Japón que 47 000 personas fueron hospitalizadas con hipertermia. Pero tuvieron suerte al compararlos con los 1 000 muertos que causó el calor en Pakistán.

No obstante, lo más sorprendente es que el calor haya afectado este año a los círculos financieros que apenas ayer negaban el calentamiento global. Así lo expresa un catedrático francés muy conocido en Europa (Jean Pisani-Ferry, 2015): “Aun después de haber causado una recesión de las que solo ocurren una vez en un siglo y millones de desempleados, las finanzas parecen indispensables para prevenir una catástrofe aún peor: el cambio climático”.

Sus propuestas no son novedosas ni van a solucionar el problema, sino apenas lo van a mitigar. Las emisiones netas evitadas, o combustible fósil no quemado, es una propuesta que viene de organizaciones y de gobiernos del Sur (Ecuador y Nigeria fueron los primeros en plantearla). Ahora es retomada por el Norte y por varios actores.

Impresiona ver que los termómetros de los santuarios capitalistas empiecen a registrar el ascenso de la temperatura global. Uno de estos santuarios ha sido The Economist que acaba de publicar (El cambio climático se vuelve candente) un comentario que reconoce el problema.

Hasta el gobernador (equivalente a director) del Banco de Inglaterra (equivalente al Central) mencionó recientemente la necesidad de conservar a los combustibles fósiles bajo el suelo, haciendo suya la propuesta del Sur. El mismo título de su discurso (“Cambio climático y estabilidad financiera”) muestra la necesidad del capitalismo de salvarse, con una embriagante mezcla de desesperación y optimismo.

Hay una fe ciega en que ciertos instrumentos de mercado puedan solucionar los problemas ambientales, sin sacrificar demasiado sus ganancias. Pero tanto su prioridad (no salvar a la humanidad, sino al sistema) como su respuesta (utilizar los instrumentos del mercado, no detener el crecimiento económico) nos hacen ver que no será fácil el consenso global en la Cumbre de Cambio Climático en París, en diciembre. Igual que cuando el Sur propuso las emisiones netas evitadas, ahora es el turno del Sur.