Óscar Vela

Así se fabrican las guerras

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4 de October de 2013 00:05

El premio Nobel de la Paz 2009, Barack Obama, amenazó hace pocas semanas a Siria con una intervención de la fuerza militar estadounidense para asegurar sus intereses en la región. Pocos días después, Vladimir Putin, candidato al premio Nobel de la Paz 2013, dejó sin piso la amenaza de Obama al declarar que un ataque contra Siria sería un atentado contra el orden mundial, y después aclaró que, de todas formas, Rusia seguirá suministrando armas a Damasco. Entonces Obama decidió enfilar otra vez la mira contra Irán, aunque la quiebra gubernamental se le vino encima y lo ha maniatado momentáneamente.

Hace pocos días terminé de leer la última novela del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, 'Purgatorio' (Alfaguara, 2008). En ella, a través de una magnífica historia de ficción insertada entre hechos y personajes reales de la última dictadura militar que asoló a la Argentina desde 1976 hasta 1983, se narra con precisión cómo los macabros gobernantes encabezados por Jorge Rafael Videla, orquestaban conflictos internos y externos con el claro objetivo de desviar la atención sobre las violaciones de los derechos humanos y la grave crisis económica que afectaba al país en esos años. Así, tras la cortina de humo que fue el Mundial de Fútbol de 1978, y ante la avalancha de denuncias contra el Régimen, en una reunión de altos mandos militares, se propuso primero retomar un conflicto pendiente contra la República chilena liderada por Pinochet. Ya que esta propuesta no tuvo mayor apoyo, se decidió retomar la vieja pugna con el Reino Unido por el archipiélago de las Falklands y se armó en poco tiempo la guerra de las Malvinas. El resultado fue de casi mil hombres muertos y una aplastante derrota del país sudamericano cuyos líderes de facto, pocos meses después, en diciembre de 1983, dejaban el poder en manos del presidente Raúl Alfonsín.

La novela '1984', de George Orwell, es un estupendo tratado sobre el manejo mentiroso y fraudulento del que hacen gala los gobiernos cuando necesitan desviar la atención de los problemas internos o cambiar incluso el rumbo de la historia. Allí, el Gran Hermano articula y desarticula guerras, escribe y elimina hechos históricos según le sean convenientes o no, y crea entre sus ciudadanos un ambiente patriótico que se devela como un manto de espesa neblina sobre los problemas internos de la población.

De este modo falso y perverso se fabrican las guerras, como tapaderas de la inoperancia política, de los crímenes del poder y de los descalabros económicos, también, por supuesto, como apoyo incondicional a la creciente industria armamentista.

Así se forjan los falsos héroes, amasados en el patrioterismo coyuntural de himnos sacrosantos, en lemas y cantinelas publicitarios de fanáticos entronizados por su propia vanidad, en amarres y componendas de ocasión.