Julio Echeverría

Extractivismo

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9 de June de 2013 00:02

La apuesta del Gobierno para el periodo que inicia es el cambio de la matriz productiva para lo cual su interés prioritario es el impulso de la minería a gran escala. Sorprende, por decir lo menos, los términos de esta ecuación. Se entiende que el cambio de la matriz productiva supone el abandonar la dependencia de la extracción de materias primas; sin embargo no hay actividad económica más extractivista de materias primas que la explotación minera a gran escala. El argumento gubernamental apunta a medir los tiempos de este cambio, por lo cual a menudo se habla también de transición en la matriz productiva, lo cual da a entender que se trata de una estrategia por medio de la cual el extractivismo actual lograría acabar con el extractivismo en el futuro. Lo que no indica esta estrategia son los tiempos de la transición, ni los efectos que ésta podría significar para la sociedad, más allá del brillo de los lingotes de oro y lo que ello significaría para el impulso del crecimiento económico del país. No se pone mayor atención a los riesgos y posibles efectos colaterales que tan inteligente estrategia podría ocasionar. Presentada como está, parecería ser una estrategia que está dirigida a 'morderse la cola' .

En la ficción gubernamental, e l riesgo está controlado, los impactos sociales y ambientales del extractivismo son exageraciones de indígenas o ecologistas infantiles, que en definitiva a lo que apuntan es a impedir que el Estado pueda contar con abundantes recursos que provienen de la extracción y que podrían servir para impulsar el desarrollo del país, desterrando para siempre la pobreza y la desigualdad. Están convencidos de que la tecnología está en capacidad de gobernar el riesgo, de que la interacción entre la sociedad y los ecosistemas se reduce a un plan de contingencia, donde los incidentes son errores que pueden ser previstos y calculados o en el peor de los casos remediados .

En las condiciones actuales del desarrollo tecnológico no hay posibilidad de planificación del riesgo en materia de extractivismo, peor aún en áreas de extrema fragilidad y vulnerabilidad social y ambiental como son aquellas donde justamente se asientan las prospecciones mineras; en estas áreas, es imposible impedir la lógica del desastre, que no es otra que el encadenamiento de accidentes y negligencias no controlables, cuya conjunción puede generar daños irreversibles en materia social y ambiental.

Por último, los rendimientos de la extracción son seriamente dudosos; pueden generar beneficios en el corto plazo, pero daños irreversibles en el mediano y en el largo plazos. El extractivismo se asienta sobre una colosal ignorancia de futuro o en todo caso con la mirada miope del corto plazo, donde no hay futuro más allá de las próximas y las próximas elecciones.