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19 de November de 2013 00:02

El tiempo confirma la pervivencia de la magnífica obra camusiana, en la desolación y el gozo, en la sencillez del estilo y la grandeza de su preguntarse… En un querido trabajo, escrito hace muchos años, 'Albert Camus, de la felicidad a la moral', (intento de dilucidación ética de su obra), dividí el universo camusiano, de acuerdo con su propia manifestación, en dos grandes etapas: en la etapa de la negación, surgieron de su pluma "El extranjero…", inmensa novela del absurdo destino humano: de la inocencia y el gozo sensibles y sencillos del 'héroe' Meursault, a su condena a muerte 'a causa del sol'; los dramas "Calígula…" y "El malentendido…", expresión, aquel, del exilio metafísico del héroe que busca un orden imposible en su rebelión individual contra el amor regido por la muerte, y este, de extrañas protagonistas, Martha y su madre que, bajo la lluvia de una Moravia gris, añoran el paisaje de sol al que aspiran a acceder mediante el crimen y el robo; por un atroz malentendido, el huésped al que asesinan es su hijo y hermano hacía tiempo ausente que, habiendo llegado a salvarlas, muere sin ser reconocido. La madre, que recobra el dolor contra la indiferencia, decide: "cuando una madre es incapaz de reconocer a su hijo, su papel en la tierra ha terminado…". El suicidio es el paso al límite, aunque Camus confiese que sus 'certezas' -el anonadamiento final y el sinsentido de la vida- 'no valen lo que un cabello de mujer'.

A razonar sobre el absurdo de vivir y a buscar la posibilidad de salvarse del absurdo junto a todos, dedica el autor "El mito de Sísifo…", tercera obra de esta etapa de negación. No consideró este ensayo como un trabajo filosófico, ni de conclusiones definitivas, sino como 'una descripción de un mal espiritual'. Manifiesta en él la intención de encontrar un método, un 'camino' alimentado del propio proceso de vivir camusiano, que dé razón de una existencia abocada, por destino, al fracaso, pero íntimamente enamorada de la luz… Libro que formula preguntas esenciales, ligadas a la práctica de cada día: ¿cómo encontrar sentido en cuanto hacemos, si nada externo a nosotros puede dárselo, pues Dios no existe, no puede existir? Sartre no perdonó la 'falta de compromiso político' de su amigo Albert Camus, pero le dedicó estas palabras cuando su trágica y absurda muerte: "Él y yo estábamos alejados, aunque un disgusto es otra manera de vivir juntos sin perderse de vista… Vivíamos con su pensamiento o contra él. Yo juzgaba su silencio demasiado prudente o demasiado doloroso.... Su humanismo testarudo, estrecho y puro, austero y sensual libraba duro combate contra los trágicos acontecimientos de nuestro tiempo. En su rechazo reafirmaba, contra los maquivaelismos, contra el becerro de oro del realismo, la existencia del hecho moral. Había hecho toda una obra y todo estaba aún por hacerse… Decía: «Mi obra está aún por venir»…"…