11 de September de 2012 23:59

¡Excelencia!, ¿cuánto de verdad?

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En el imaginario del Presidente Correa, ninguna duda. En la realidad, ¿cuánto de verdad?

El Presidente, semanas atrás, señaló que su Gobierno históricamente en el Ecuador y en Latinoamérica debe ser reconocido por la excelencia académica de sus cuadros. Si el referente son los títulos de cuarto nivel, los que administraron las finanzas y la economía de los anteriores gobiernos –de los llamados neo– liberales y de la partidocracia, también tuvieron ese nivel de titulación y algunos cum laude, con honores especiales. De los que estoy seguro que los tuvieron, porque de otros no puedo afirmarlo, están Abelardo Pachano, Francisco Swett, Carlos Julio Emanuel, Alberto Dahik, Rodrigo Espinoza, César Robalino, Marco Flores, Jorge Gallardo, Ana Lucía Armijos, Mauricio Pozo, Mauricio Yépez, entre otros. Quizás, en la expresión española, taz a taz, o sea entre iguales con quienes tienen similar nivel de formación en el actual Gobierno.

Y en cuanto a gobernantes que estudiaron cuarto nivel, no sólo es posgradista el presidente Correa, también -y de Harvard- fue el presidente Mahuad; y, en sus especialidades, fueron los presidentes Febres Cordero, Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacio. Todos los gobernantes militares, los de 1963 y 1966, el general Rodríguez Lara y los triunviros, también lo fueron .

Otros no llegaron a tal categoría: Velasco Ibarra -intelectual reconocido internacionalmente, pero sin título de posgrado- y Galo Plaza, ejecutivo y pragmático gobernante, por ejemplo. Quizás el de menor nivel de estudios formales, pero en el ejercicio de la Presidencia modelo de eficiencia, Clemente Yerovi Indaburu. Ni el hábito hace al monje, ni el cartón hace la calidad.

Bien -y hay que aplaudir la decisión del gobernante- de obtener y direccionar becas para que los mejores de los mejores cursen carreras en universidades del exterior.

Pero la calidad de la sociedad, se mide en el conjunto. Cuando la gran mayoría de bachilleres son rechazados para ingresar a la Universidad, se está ante un problema heredado del sistema educativo medio, pero es una decisión ineficiente el solo rechazo en las puertas de las universidades.

Personalmente, con medio siglo en la educación, también creo que -sin olvidar las deficiencias arrastradas- la estructura de la actual evaluación a los bachilleres, para su paso a la educación superior, no es de pleno acierto.

Y hay más aún, la excelencia se debe demostrar en los hechos y en los resultados.

El Presidente se queja de que algunos sólo mencionan lo malo. De acuerdo que más allá de la publicidad estatal, hay que acreditar lo bueno, pero lo honesto también debe ser que el Gobierno admita errores e ilícitos de su entorno, pero ahí este pretende blindarse, para ocultarlos, por eso otros patrióticamente están obligados a visibilizarlos.

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