Enfoque internacional

Los ‘milagros’ de Evo

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El presidente de Bolivia, Evo Morales, se está acostumbrando a marcar hitos históricos. En el 2006 se convirtió en el Primer Mandatario indígena; es el primer boliviano que, con la victoria del domingo, ha conseguido tres mandatos consecutivos, y, cuando termine, habrá cumplido 14 años en el poder, suficientes para romper el récord de permanencia del mariscal Andrés de Santa Cruz, que gobernó más de nueve años, en el siglo XIX.

Pero hay que contar los logros de sus administraciones, en particular remitirse a la caída de la pobreza, que de 60% pasó a 45. Claro que este es apenas el principio del camino, pues la pobreza extrema roza el 20%, y el 80% de los empleos son informales, en un país de 10 millones de habitantes. Sin embargo, estos avances no los había conseguido ningun gobierno precedente.

Su política macroeconómica ha sido alabada por Wall Street. Según cálculos del Fondo Monetario Internacional, Bolivia cerrará el 2014 con un crecimiento del 6,5, el más alto de la región. Y se trata de la históricamente más pobre nación de Latinoamérica, junto con Nicaragua.

La buena fortuna ha acompañado a Morales. Sus mandatos han coincidido con una subida de los precios de los hidrocarburos, en particular del gas, y con un aumento notable de su capacidad exportadora, por lo que se habla de ‘bonanza boliviana’. Su reclamo marítimo a Chile ha subido su perfil. La nacionalización de algunos de los más importantes negocios le ha dado el efectivo para los ambiciosos programas sociales que le han cambiado la cara a su país. Pero ¿qué pasa si los precios se desploman? Morales sabe que Bolivia tiene que depender mucho menos de la minería extractiva. Tiene que hacer sostenible el ‘milagro’.

Por esto, lo de Evo, a sus 54 años, tiene mucho mérito. Criado como pastor de llamas en una familia aimara, tuvo en el movimiento sindical y en la lucha cocalera la plataforma política ideal para ascender al poder.

Con la sabiduría y la paciencia propias de sus ancestros, fue venciendo prejuicios étnicos y culturales y recabando apoyos en distintos sectores de la sociedad, acostumbrada a que los blancos, minoritarios, tomaran las decisiones y desplazaran a los indígenas. En sus primeros años en el palacio Quemado enfrentó la férrea oposición del influyente empresariado del oriente, motor económico del país. Pero, dados los buenos resultados de su gestión, estos están ahora de su lado.

Por supuesto, no todo es color de rosa. La inseguridad está superando registros inquietantes y la presencia creciente del narcotráfico puede ser un factor desequilibrante si no se interviene. Evo tiene espejos en Colombia y en México.

Y en el plano interno, tan aplastantes victorias en las urnas pueden convertirse en una derrota de la democracia si cede a la tentación de querer eternizarse en el poder. En el Legislativo tiene las mayorías para una reforma constitucional que instituya la reelección indefinida, una decisión que opacaría sus aciertos.

El Tiempo, Colombia, GDA