María Herrera Heredia

Evidentes contradicciones

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El silencio sobre la muerte de Óscar Pérez en Venezuela, la tenue respuesta a las propuestas del Foro de economía, la naturalización de Assange, la negativa al juicio político al ex Vicepresidente de la República, el impedimento de que Mangas y otros funcionarios públicos comparezcan ante la Asamblea, la designación de Vicepresidenta de la República etc., llevan a revisar estas contradicciones.

En efecto, si bien muchos ecuatorianos coincidimos en que existe un aire liviano en el país y que es posible expresarse de manera más libre que hace unos meses, que por fin se han acabado las sabatinas y las famosas cadenas diarias de réplicas sobre la opinión de actores económicos, políticos y sociales donde se denigraba, hostigaba y humillaba a quienes se expresaban en contra de las acciones oficiales, no es menos cierto que prevalece la ambigüedad y el eufemismo sobre temas de enorme trascendencia sobre los que falta una decisión directa y firme.

En el campo económico, aun habiendo asentido la crisis y falta de liquidez, no se concreta una decisión para disminuir el gasto público y reducir el déficit fiscal que ahoga a la economía, así como establecer un proceso de renegociación de la deuda que permita detener la salida de divisas, disponer de recursos financieros para proyectos nacionales y consolidar la dolarización, contrariamente se mantiene la política y el equipo económico anterior. En cuanto a la imagen internacional, recurso importante en una economía globalizada, acciones como la concesión de la nacionalidad ecuatoriana a Julian Assange y su truncado objetivo de volverlo diplomático, así como la coincidencia con las actuaciones “soberanas” de Maduro, revelan la afinidad y aproximación con las desgastadas ideas de la fracasada izquierda y el socialismo del siglo XXI, cuyo principal slogan ha sido la “lucha antiimperialista” y la mal entendida soberanía de los países. En lo político, no obstante la aceptación del grave problema de corrupción nacional, la actuación de los legisladores oficialistas contraría el objetivo expresado por el señor Presidente de erradicar la corrupción, cuando obstruyen la posibilidad de fiscalizar a quienes tienen evidencias de malos manejos de recursos o usufructos impropios del desempeño de la función pública.

Falta cambiar leyes importantes para la confianza y el progreso nacional, como la de comunicación y de educación superior. La sociedad ecuatoriana ávida como estaba de libertad, democracia, respeto, se ha llenado de fe, cual la mujer cananea que imploraba a Dios por la salud de su hija y frente a la dura respuesta de Jesús, de que no estaba bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros, replicaba: “Señor: también los perros tienen derecho a las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mt 15;27). El Ecuador reclama un cambio profundo y no solo migajas.

Columnista invitada