Miguel Rivadeneira

La evaluación educativa

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31 de March de 2014 00:02

Constituye un hecho positivo el ingreso del Ecuador al Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pruebas Pisa). Se trata de un sistema reconocido mundialmente y en el que están inmersos países que evaluaron a sus alumnos y sobre esa base les permitió avanzar hacia la consecución de la calidad, a través de procesos que llevaron años. Los resultados no se obtienen de la noche a la mañana. Finlandia y Singapur son ejemplos de países que trabajaron durante décadas en forma sistemática, sin aspavientos ni discursos, y lograron crecer y ubicarse entre los mejores del mundo.

Hay que estar claros, para no generar falsas expectativas como se acostumbra, que este sistema de evaluación por sí solo no va a mejorar la calidad de la educación porque no es un fin sino un medio, una herramienta, para saber en qué estado nos encontramos. Esto va a permitir establecer el nivel y sin ser peyorativos ni rasgarnos las vestiduras ni buscar solo culpables cuando todos somos corresponsables, y constatar una realidad que no se ha querido reconocer, pero va a servir para poder trabajar sobre bases ciertas.

Para estar preparados frente a los resultados de las evaluaciones que se avecinan, expertos educativos advierten que es positiva la decisión pero que habrá resultados previsibles por lo que se ha hecho y se ha dejado de hacer, fundamentalmente la falta de una política de Estado durante los últimos lustros.

Uno de los sucesos de los últimos tiempos ha sido el reconocimiento de la continuidad de las políticas públicas. Se ha reivindicado la inversión que se ha hecho en la educación, que es importante pero no es todo. Entre las debilidades está el nivel de uno de los ejes fundamentales del cambio: los maestros. Su capacitación y mejoramiento de calidad, no solo en el conocimiento del inglés, cuya enseñanza no puede pararse nunca, especialmente en los primeros grados de la educación general básica. Las cualidades especiales para formar talentos humanos sin lo cual no se podrá avanzar. Sobre esa base, el otorgamiento de autonomía a profesores y directores para que puedan ofrecer una mejor enseñanza a los alumnos, con estándares mucho más ambiciosos.

Hace poco, quien fuera director del programa Pisa, el alemán Andreas Scheicher, se refirió a la reforma educativa en España. Dijo que hubo más recursos pero no se aprovecharon las oportunidades de mejoramiento en los últimos 10 años, si se compara con los obtenidos por otros países de su mismo nivel de desarrollo. Destacó la importancia de dotar de autonomía a los maestros para que busquen la mejor manera de enseñar y ofrecerles posibilidades de progresar en su carrera profesional. Esto refleja la necesidad de construir procesos sostenidos y equilibrados en un modelo incluyente con maestros y directores, no de amenazas de exclusión, pero con la corresponsabilidad de su mejoramiento.