Sebastián Mantilla

¿Europa pierde el rumbo?

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El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, acaba de visitar Europa. En las reuniones de alto nivel mantenidas con los diferentes líderes europeos, a más de abordar varios de los temas más acuciantes y de actualidad que ahora tienen frente a sí, Obama ha hecho énfasis en un aspecto fundamental: los valores de Occidente.

Daría la impresión que, frente a la dimensión de los problemas de la violencia en Siria y Oriente Medio, la crisis de los refugiados, los bajos niveles de crecimiento en la zona Euro y el fortalecimiento de una derecha más conservadora y aislacionista, el proyecto de Occidente basado en los principios de la democracia, la garantía plena de derechos o el impulso del libre mercado, ya no movilizan ni a sus líderes ni a sus ciudadanos.

Esa Europa abierta al mundo ya no va más. Los valores y, porque no decirlo claramente, los intereses de Occidente están amenazados por voluntad propia. Europa se encierra sobre sí misma sin posibilidades de comprender y actuar con más claridad sobre situaciones internas y externas cada vez más complejas.

Y aunque pueda parecer algo esquemática y simplista esta apreciación, ya que no desconoce los grandes esfuerzos que ha hecho recientemente Ángela Merkel y otros líderes europeos, pone en la balanza una tendencia cada vez más fuerte en el Viejo Continente: una política simplista, aislacionista y sesgada en el mejor estilo de Johnson en Gran Bretaña, Le Pen en Francia o Petry en Alemania.

Boris Johnson, alcalde de Londres y partidario de la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea, ha respondido a ese llamado de Obama con el siguiente comentario: “Gran Bretaña estaría mejor con nuestros propios acuerdos comerciales, tendría menos inmigrantes, sería un país más feliz, más soberano y más libre”.

Para Frauke Petry, del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), los problemas de Alemania, al igual que como lo piensa Marie Le Pen, del Frente Nacional en Francia, tienen que ver con la inmigración e incluso con las políticas y acciones que se han tomado como Unión Europea. De ahí que defienda una Alemania fuera de la zona euro o una unión monetaria con la zona norte de Europa.

Sin embargo, las causas de los problemas son muchos más complejos y estructurales. La crisis de los refugiados en Europa se explica en gran medida por la desacertada intervención de Estados Unidos y sus aliados en Oriente Medio. La desaceleración y estancamiento recurrente de Europa, así como los altos niveles de desempleo, no se deben a la inmigración o políticas sociales.

Las posturas ultraconservadoras no ayudan sino contribuyen a hundir más Europa. La China de Jinping y la Rusia de Putin salen más favorecidas de ello. Los grandes desafíos del mundo contemporáneo requieren de una Europa unida, renovada y fortalecida.

Circunstancia para retomar el proyecto europeo y no echarlo al tacho de la basura sin beneficio de inventario.