Jorge G. León Trujillo

Euro: crisis de integración

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23 de December de 2011 00:14

América Latina (AL) no parece concernida por la crisis del euro; en el pasado, el resfrío del norte era gripe al sur. Se ha roto – por ahora- la permanente dependencia de la dependencia del ciclo del norte. Nuestros productos primarios tienen una demanda y precios sorprendentes y las exigencias de más royalities o impuestos beneficiaron al Fisco. Ello no implica que la crisis no será nuestra; podría volverse más nuestra que del norte, a pesar de que AL pesa más que antes, por su producción y consumo propios. Pues, se depende de una demanda que está sobre todo en el norte o de las nuevas potencias asiáticas, la cuales ante el bajón de la demanda del norte, reducirán la suya.

Europa ahora hace el camino que hicimos en AL y que costó penosas crisis sociopolíticas. Entonces, no solo por el neoliberalismo, se respondió con mayor elitismo y con lo que llamo “oligarquización”, la salida en función de minorías a despensas de las mayorías. La primacía dada a la banca lleva a ello. Alemania y Francia han impuesto que ni los bancos centrales nacionales ni el Banco Europeo manejen las deudas estatales, sino el FMI, a quien van a entregar 200 trillones de euros. El banco interno no cerrará los tornillos a los bancos nacionales ni dará la liquidez que quieran, los gobiernos reducirán endeudamiento y gastos. Europa desorientada y desconectada de la sociedad, con un manejo burocrático, refuerza medidas para imponer el rigor fiscal.

Europa que era promotora de regulación bancaria, ahora la minimiza. En la crisis del 2008, ante manejos nada éticos de bancos y financieras en EE.UU., se avanzó la idea de regularlos, pero Obama retrocedió y con este parte del mundo. Gran Bretaña repite la posición. Europa ha trocado la regulación al privilegiar el manejo de la crisis, ligada a la deuda estatal, a la austeridad. Muchos tiemblan porque no se aprovecha para poner un orden mayor que el de restringir gastos y por los tiempos que tomará redefinir sus acuerdos estatales. Los bancos otra vez ganan, la culpa es de los otros, cuando hay dos responsabilidades, la del prestamista y la del prestador.

Pero los impasses europeos revelan algo más, la necesidad de mayor integración política para enfrentar economías y finanzas transnacionales incontrolables. La simple reglamentación no basta. Europa está entre ser o dejar de ser, por no dar el salto a mayor integración. También, la situación muestra que una integración de espaldas a la ciudadanía, sin proyecto en consecuencia, más bien burocrática y oligárquica, alimenta el desinterés ciudadano que a su vez deja al poder en manos de los más influyentes. Una integración sin proyecto ciudadano probablemente pospone el problema ya que, al conformar uniones más grandes, vuelve al poder aún más incontrolable para la mayoría y más fácil de hacerlo para la minoría.