Carlos Larreategui

El eterno retorno

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14 de March de 2012 00:03

Hay signos inequívocos de que el más reciente ciclo populista denominado socialismo del siglo XXI ha entrado en su etapa final. La aparatosa caída de Kirchner en Argentina, la descomposición de Venezuela y la enfermedad terminal de Chávez y el desmoronamiento lento, pero sostenido, de Correa en el Ecuador, son síntomas claros del estado de cosas. Conocemos de memoria el fenómeno: su ascenso, caída y la enorme tragedia que deja a su paso. A la manera de Sísifo, parecería que Latinoamérica está condenada a sufrir este mal de forma cíclica.

Las encuestas publicadas hace unos días por Market miden con precisión la temperatura política de nuestro país. El estudio ha originado la reacción colérica del Gobierno y se ha desestimado la investigación bajo el argumento de que la encuestadora pertenece al licenciado Blasco Peñaherrera y que el análisis se limita a Quito y a Guayaquil. Más allá de las descalificaciones personales que el Régimen emplea siempre para liquidar al mensajero de verdades incómodas, Market ha realizado la encuesta con rigor y método. Ha hecho bien, además, en explorar Quito y Guayaquil, que marcan la tendencia de opinión en el país y constituyen las ciudades más habitadas del Ecuador. Adicionalmente, se debe recordar que estas urbes acogen las clientelas políticas más numerosas de Alianza País.

Las cifras publicadas demuestran que 2 de cada 3 quiteños y guayaquileños se muestran pesimistas frente al presente y futuro del Ecuador. Las calificaciones del Presidente han descendido dramáticamente: 64% de los encuestados expresan desagrado hacia el Mandatario y no creen en su palabra; en materia de gestión gubernamental y exceptuando las obras de vialidad, las calificaciones son paupérrimas. Los ámbitos más cuestionados se relacionan con la seguridad pública, la gestión económica y el manejo de las relaciones internacionales. El 80% de los entrevistados considera que el Presidente no debió enjuiciar a medios y periodistas; el 77% estima que la Corte Nacional no actuó con independencia y estuvo sometida a las presiones del Gobierno.

Uno de los datos que llama la atención se refiere al grado de responsabilidad que la sociedad asigna al Gobierno en el desempeño general del país. Un 80% del universo encuestado estima que la buena o mala situación del Ecuador es responsabilidad directa del Régimen. La sociedad civil, los pequeños y grandes empresarios y otros actores no cuentan para el balance. Un cuadro triste, sin duda, que obedece al peso enorme que ha adquirido el Gobierno-Estado en la vida nacional y al renunciamiento de muchos ecuatorianos a intervenir en los asuntos públicos y cumplir con su obligación de ciudadanos.

Al ciclo populista le sucede otro, complejo y doloroso; lo conocemos bien y por ello debemos estar preparados.