Miguel Rivadeneira

No estuvimos preparados

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mrivadeneira@elcomercio.org

Parto de una autocrítica ciudadana que debemos hacer: la activación del volcán Cotopaxi puso en evidencia que no estuvimos listos y preparados para afrontar la emergencia. Pero no solo la comunidad sino todos, a partir de las autoridades, que debieron dar ejemplo. E incluso de los negocios privados que agotaron rápidamente productos fundamentales, como las mascarillas y el agua embotellada. Nos despertamos y reaccionamos recién con la ceniza.

Mientras golpeaban a dirigentes indígenas y sociales que ejercían el derecho a la resistencia, consagrado en la Constitución art. 98, hecho que curiosamente fue advertido por el Ejecutivo, que anticipó que iban a producirse hechos violentos, que también afectaron a policías, el volcán empezó a intensificar su actividad. La violencia debe ser condenada venga de donde venga, pero también debe evitarse la confrontación física cuando se anunciaban marchas de protesta y se armaban contramarchas, mientras el volcán rugía y la crisis económica camina en medio del enorme gasto público.

El volcán registró un aumento en su actividad a niveles altos desde su última fuerte erupción en 1877. Según los reportes oficiales, a las 04:02 del viernes último, mientras dormían las autoridades y se despertaron más tarde con los hechos que felizmente no fueron tan violentos y que pudieron ser fatales. Por cierto, esto no ocurrió con todos, unas autoridades seccionales estuvieron muy activas desde muy temprano, pero otras no reaccionaron de inmediato.

Un técnico que trabaja en el sector decía absorto, en reserva pero con preocupación, que era bueno despertar a directivos de la gestión de riesgos, que tanto habían dicho que estaban preparados para cualquier eventualidad y que todo estaba organizado. Por cierto, como se vive la “verdad única” dirán que fue impecable su actuación y que solo los opositores critican, cuando esto debe servir a todos para hacer una autocrítica y tomar los correctivos necesarios.

Incluso, se reclamaba que debía haber una autoridad que lidere este proceso, pero no asomó inicialmente. Uno que emule a los diligentes cuando se produce la medida de hecho y de inmediato en helicóptero viaja a la carretera a desafiar bravo, rodeado de uniformados, a los indígenas en levantamiento.

Dónde estaban las cadenas oficiales que, precisamente, debían servir con eficacia para esto y no solo para denigrar y ridiculizar a los que critican o para hacer capítulos de unas presentaciones diarias que en lugar de educar en el riesgo producen adormecimiento.

Causa rechazo que mientras subía la actividad del volcán Cotopaxi, que venía advirtiendo con responsabilidad el Instituto Geofísico, para hacer frente a las marchas de protesta de los sectores indígenas y sociales se preocupaban de traer gente de provincias y de la ciudad para armar contramanifestaciones y autoridades nacionales bailaban felices en la tarima y luego viajaban a un gabinete fuera de la capital.