Jorje H. Zalles

No se trata solo de mí

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La ex Primera Dama de los Estados Unidos Hillary Clinton y el Senador Bernie Sanders fueron serios rivales durante las elecciones primarias en las que se definió la candidatura del Partido Demócrata para las presidenciales de noviembre próximo. Con posiciones muy diferentes sobre varios temas de política pública, se cuestionaron mutuamente con ahínco.

Pero definida la contienda con base en la mayor preferencia por ella expresada por millones de votantes en las urnas primarias, el Senador ha declarado que apoyará la candidatura de Hillary contra el republicano Trump. En un discurso emotivo durante la primera noche de la convención Demócrata, dijo, entre otras cosas, “Esta elección no se trata, y nunca se trató, ni de Hillary Clinton ni de Bernie Sanders. Esta elección se trata, y debe tratarse, de las necesidades del pueblo norteamericano y del tipo de futuro que queremos para nuestros hijos y nuestros nietos.” Agregó luego, “Necesitamos un liderazgo que nos una y nos haga más fuertes, y no uno que insulta (…), intentando dividirnos. Bajo esos criterios, cualquier observador objetivo concluirá que, a base de sus ideas y su liderazgo, Hillary Clinton debe convertirse en la próxima Presidente de los Estados Unidos.”

¡Qué refrescante! Qué alentador para quienes creemos que la democracia verdadera incluye al menos dos elementos esenciales: primero, un irrestricto respeto por la voluntad debidamente expresada de los votantes; y segundo, una clara ausencia de egoísmo y, al contrario, la inspiradora presencia de un espíritu de servicio público que a la ambición personal antepone las necesidades nacionales y las ideas que se defienden, no solo se esgrimen con quién sabe cuánta convicción a la hora del debate.

Sanders acaba de dar un ejemplo, que también dio hace poco David Cameron al renunciar como Primer Ministro británico luego de perder el voto sobre el Brexit, de lo que constituye la participación en política de un hombre serio, no uno que busca balcones y tarimas para propalar mensajes que pueden hasta ser de sano contenido, pero a la final están orientados a la satisfacción de su vanidad y su ambición personal.

Y ese ejemplo es aún más crítico cuando a lo que se enfrenta una sociedad es el artero uso de las formas democráticas por quienes en el fondo no son demócratas. Pensemos en el caso venezolano, en el cual, dando muestras del mismo espíritu que mueve a Sanders, se creó la Mesa de Unidad Democrática MUD para, precisamente, enfrentar al chavismo con un solo frente unificador. Aún así, Maduro y sus secuaces se siguen burlando de la voluntad ciudadana, haciendo aún más crítico que ésta esté representada por quienes no solo se dicen demócratas, pero ejercen esa condición con egoísmo, sino por quienes pueden decir, con convicción, “No se trata solo de mí.”

jzalles@elcomercio.org