Martín Pallares

Espionaje y podredumbre

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Hay que imaginar a un violador grabar uno de sus abominables actos y exhibirlo luego en uno de los noticieros de televisión y en horario estelar. Y luego hay que imaginar, asimismo, a un jefe de policía o a cualquier otra autoridad encargada de perseguir el crimen cruzándose de brazos y no decir ni hacer nada luego de mirar el video o de enterarse de su existencia.

Hay que pensar en una escena más o menos así de truculenta para dimensionar lo que ocurre en el Ecuador. Sucede que no hace mucho, durante la plena ebullición de las protestas en contra del Gobierno, se transmitió durante el noticiero de unos de los canales de TV, administrado abusivamente por el Gobierno, un video bajo el nombre de Pelucoleaks en el que se exhibían las conversaciones privadas de un grupo de ciudadanos que estaban organizándose para participar en las marchas.
Fue no solo un acto de brutal cobardía política sino, y lo que es mucho peor, un abominable crimen cometido por quienes concibieron y ejecutaron el espionaje y por quienes no tuvieron ni el pudor de exhibirlo públicamente.

De alguna forma, aquel momento se evidenció la descomposición institucional del país y la podredumbre moral de quienes tienen el poder que hizo posible la puesta en escena del video. Si a esto se agrega la inacción de la Fiscalía, el panorama es desolador. ¿O es que acaso el fiscal Galo Chiriboga ha hecho algo ante la perversidad criminal de quienes violaron la intimidad de esos ciudadanos?

Lo de Pelucoleaks es un gesto nauseabundo de abuso de poder, pero no es nuevo. Hace ya años que el correo privado de Martha Roldós fue violado y publicado, asimismo, en un medio impreso del Gobierno. En el caso de Pelucoleaks, que se lo puede ver en YouTube, no solo que se violó la privacidad sino que se estaba enviando el siniestro mensaje de “te estoy viendo, te estoy escuchando y tengo el poder para castigarte si dices o piensas lo que no me gusta”.

Violar la privacidad constituye uno de los más groseros golpes a la libertad de expresión y a la convivencia civilizada. Si una persona se sabe espiada tendrá miedo de lo que dice o hace, y eso aniquila el pensamiento.

Estas historias se conocen al tiempo en que se abre el laberinto del escándalo de la empresa de espionaje Hacking Team y su posible relación con el Estado ecuatoriano.

Han pasado semanas desde que estalló lo de Hacking Team. Las policías de Colombia y Chile han reconocido la veracidad de los documentos filtrados; el jefe de la Inteligencia de Chipre ha renunciado y en el Ecuador la Fiscalía no ha movido un dedo para investigar. La simple posibilidad de que exista un operativo de espionaje ilegal es motivo suficiente para sacudir la conciencia de cualquier funcionario decente. Acá parecería que toda forma de decencia institucional ha desaparecido. Es la podredumbre la que manda.