Grace Jaramillo

¿Esperando a Godot?

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Diego Cordovez solía decir que lo mejor que puede hacer un presidente es mantener a sus enemigos lejos y neutralizados. Velasco Ibarra pensaba que nada mejor que un puesto de embajador para lograr estos objetivos. Y por la lista que circula en redes sobre las “designaciones” del Gobierno de Lenín Moreno para altos cargos en el exterior, se nota que por ahí va la estrategia, incluyendo mandar a René Ramírez a la UNESCO para poder enmendar algo sus entuertos en la universidad ecuatoriana. Que esta estrategia sea buena para el país, es otra historia. Porque, una cosa es mandar a Galo Plaza Lasso, el gran arquitecto del estado moderno en el Ecuador, como embajador a Washington; y otra cosa muy diferente es enviar al dinamitero de la independencia y buen nombre de la Función Judicial en los últimos 10 años, al mismo puesto.

La Cancillería se equivocó del medio a la mitad postulando a Alexis Mera como embajador del Ecuador en Washington. Primero lo que importa: se nota que no tienen ninguna política, idea, plan o estrategia sobre qué hacer o mejor dicho cómo rehacer las relaciones con el país más poderoso del mundo en materia económica, política, comercial, estratégica, tecnológica y hasta migratoria. Segundo, porque EE.UU. es una de las legaciones diplomáticas más importantes para cualquier país del mundo, no se diga para el Ecuador. Ningún país del planeta que se respete dejaría sus relaciones en manos de un ser oscuro, con un pésimo récord institucional y político. Tercero, y esto es importantísimo: Alexis Mera es la Prueba A de interferencia del Ejecutivo en la Función Judicial en el Caso Chevrón. Para ponerlo sencillo: él es el representante de porqué perdimos esa batalla en la última parte de la guerra. Enviarlo a Washington es reconocimiento expreso de nuestra condición de banana republic.

El 30 de junio fue enviada la nota verbal pidiendo su aceptación. La regla diplomática no escrita es que si el Gobierno del Ecuador no recibe una contestación escrita o no escrita de que la postulación ha sido aceptada en los siguientes 30 días, es decir hasta el 30 de julio, esto quiere decir sin ambages que su postulación no fue aceptada y que el gobierno debe enviar otro nombre. Con un Secretario de Estado proveniente del mundo petrolero como Tillerson, diría que esto es exactamente lo que va a pasar, pero en plena era Trump no me atrevo a hacer predicciones tan absolutas. Quién sabe si Correa ya negoció la aceptación de Mera a través de los oscuros laberintos que unen a Assange con la actual Casa Blanca y no lo sabemos. No obstante, lo que más me preocupa es que la Cancillería ecuatoriana juegue a la ignorancia como pasó en la era Bucaram, quien tuvo a su entonces nominado, Hugo Caicedo, navegando en los pasillos del no-beneplácito por meses sin que la Cancillería ecuatoriana se dé por enterada que la negativa nunca llegará por escrito.

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