Lolo Echeverría Echeverría

¿Espartaco o El Santo?

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Mientras el conflicto político se retuerce al interior del movimiento Alianza País, nada se mueve, todo sigue congelado: el mismo modelo económico; los mismos funcionarios con las mismas consignas; la misma política internacional secundando al presidente de la república de Venezuela, Nicolás Maduro. El cambio ofrecido se parece al envés de la divisa del gatopardo, cambiar algo para que todo siga igual, se ha convertido en no hacer nada y esperar que todo cambie.

A medida que se prolonga esta inquietante pachorra, aumenta el número de los desconcertados que se preguntan si lo que vemos en la arena política es una lucha a muerte o un tongo, si estamos ante Espartaco o ante El Santo.

Espartaco encarna al gladiador romano que sale a la arena a vencer o morir. El coliseo era mucho más que un espectáculo; tenía luchadores, escuelas de gladiadores, entrenadores; se jugaba en la arena el prestigio de los patrocinadores y el espectáculo evitaba que la turba interviniera en política. Los gladiadores vivían y entrenaban juntos, eran amigos y podían montar una farsa como espectáculo. Para evitar el tongo establecieron la lucha a muerte, el derrotado tenía que morir y aquel que quería vivir tenía que matar.

El Santo encarna al regordete luchador mexicano que sale enmascarado al ring a montar un espectáculo que es un tongo de comienzo a fin. Los contrincantes aparentan destrozarse con candados y patadas voladoras, se estrangulan contra las cuerdas y se quiebran el espinazo; al día siguiente ambos están de nuevo en el ring, sin un moretón, para reanudar el espectáculo. El público sabe y participa del rito con fingida emoción al grito de: ¡mátale!, ¡arráncale un ojo!, ¡queremos sangre!

Si la pugna entre los líderes de Alianza País es a muerte, como la de los gladiadores, Contraloría, Fiscalía, el juicio político, los nombramientos y los discursos harán el papel de espada, red, trinche y escudo en manos del uno o del otro y los ovejunos permanecerán indecisos hasta último momento porque nadie querrá apuntarse al perdedor.

Si se trata de un tongo, como la lucha libre mexicana, lo que estamos viendo son patadas voladoras, movimientos aprendidos y pactados para entretener al público. Los intentos de reconciliación eso quisieran, los nuevos ricos y los que se corrompieron también deben ansiar que se olviden las veleidades y se vuelva al espectáculo que consistía en pura palabrería contra la corrupción, lavar los trapos sucios (deuda) casa adentro y entregarse al juego de las apariencias.

El Vicepresidente de la República, Jorge Glas, es parte de la apariencia eludiendo el juicio político que podría destituirlo y eligiendo la vía judicial donde su caso puede prolongarse, declararse nulo, sembrar dudas razonables, mientras espera la posibilidad de ser Presidente y tomar la sartén por el mango.