Milagros Aguirre

De espaldas

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10 de April de 2014 00:03

Dos trabajadores, humildes gentes que venían de la Sierra a trabajar en el calor amazónico, resultaron muertos hace una semana (3/04/14), un hombre resultó herido y otros lograron escapar de la reacción waorani. Estaban haciendo unos trabajos para dar agua potable al nuevo pueblo que ha diseñado Ecuador Estratégico para compensar a esas familias por las obras petroleras.

La furia incontenible de los wao ante la pérdida de un niño, muerto en circunstancias que aún no se han podido aclarar, encendió una chispa más de violencia en estas ya violentadas comunidades.

Las autoridades presentan el caso como un hecho aislado. Cuando se hablan de estos temas siempre se subraya que son hechos aislados… sea de grupos aislados o aislados del todo de los trabajos que se realizan en la zona.

Lo que parece evidente es que se repiten los hechos de violencia, muertes y sangre y que muchas familias waorani no han sido integradas de la mejor manera a la sociedad que los expertos llaman envolvente.

Las violencias en esas comunidades cercadas por el petróleo son pan de cada día. Desde actos vandálicos y paros violentos matizados con altos índices de alcoholismo, muertes de las que no se hablan y que se han olvidado, desde un kichwa ahorcado en una riña hasta venganzas de toda clase.

Las aisladas del tema parecen ser las autoridades que dan la espalda a esa realidad: las autoridades locales no le dan mucha atención al asunto: "Así han sido desde siempre los waorani", suelen decir, mientras las nacionales aclaran que estos hechos nada tienen que ver con las actividades hidrocarburíferas, que, por cierto, van a tope en sus tierras: un día es la venganza de un grupo con otro, y otro día, la reacción, a la mera costumbre wao, de saldar la pena de un padre o una madre por la pérdida de un hijo, con sangre.

Mucha obra, muchas casitas, mucha computadora con Internet, mucho dinero corriendo por ahí en infraestructura, mucho proyecto, pero nada, nada, de formación ciudadana a las gentes que viven ahí y cuya historia guerrera es larga y de raíz profunda. Cambio de paisaje. Sí. Pero nada de pedagogías que ayuden a las familias waorani a comprender cómo es este mundo que les rodea ahora, sus normas, sus leyes, sus derechos y sus obligaciones. Nada de preparación para una convivencia pacífica entre vecinos, nada de gestión de conflictos.

Parece que han de desfilar muchos más humildes muertos en inexplicados incidentes de la selva, casi siempre, gentes que no tienen nada que ver con la desidia estatal, para que se deje de pensar que estos son hechos aislados y se tome en cuenta que en la selva hay pueblos minoritarios que han tenido que cambiar su antiguo modo de vida por otro que les es todavía ajeno, en un abrir y cerrar de ojos, sin más preparación que, en contados casos, un paupérrimo sistema escolar, abundante alcohol y malas compañías.