Alexandra Kennedy-Troya

Espacios espirituales

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25 de July de 2013 00:02

Cada vez más los seres humanos optamos por caminos espirituales alejados del poder de la tradición de las religiones instituidas. Fragmentarias y excluyentes, éstas más que unir parecen constituir un elemento de separación en donde la tradición prevalece frente a la inminente necesidad de cambio, de nuevas formas de entendernos en el universo. El acceso a la educación, afortunadamente más frecuente y masiva, permite consolidar una posición más racional frente a lo desconocido. Quizás por ello se han creado espacios de oración individual y colectiva que recogen nuevas y frescas formas de sentir. Algunas, unas pocas, también son cristianas.

En La Calera (Bogotá), la Capilla Porciúncula de la Milagrosa (Arq. Daniel Bonilla) se abre literalmente al viento y a la luz natural, un escenario móvil que nos revierte hacia la naturaleza. De madera clara, la Capilla del Silencio en Lilja (Finlandia) de Vesa Oiva, dedicada a agnósticos, aconfesionales, ateos y religiosos, nos invita a mirar hacia fuera, un árbol real ocupa la posición de cualquier imagen o símbolo particular, tal como lo hace con el mar la capilla parroquial de San Vicente en Ecuador construida hace años. También se busca la fantasía del sonido para llevarnos hacia mundos de contemplación; en Tokyo existe la iglesia protestante de Harajuku que ha logrado una acústica inigualable. Las hay a modo de microarquitectura, templos individuales de meditación como los portables de Aaron Westgate en Vermont, Estados Unidos. O… nuevamente en Ecuador, enorme estructura de estilo brutalista que rompió con el pasado barroco o neogótico imperante para provocar nuevas formas de entender y reconocer la simbología religiosa. Hablo del Templo Nacional de la Dolorosa del Colegio en Quito, de Milton Barragán.

Largo antecedente para compartir las sensaciones en la Capilla de Rothko en Houston, Texas. Octogonal, figura divina según Alberti, gris por dentro, una luz cenital penetra desde la parte superior, inexistencia de centro alguno, le rodean enormes cuadros abstractos de Mark Rothko en negro y oscuro morado. Te sientas donde quieras, invocas lo que desees. La significación escultórica y pictórica, y el carácter funcional, dan expresión a lo sagrado. Te recogen dentro del espacio construido, dentro de ti. Diferentes maneras de orar en las que se reconcilia lo racional y lo sagrado.

Quizás estas líneas sirvan para animar el vuelco que debe darse a la triste arquitectura religiosa local asociada siempre con un mal diseño minimalista de hormigón, vidrio y metal. Se echa mano de los peores artistas del barrio porque serán ellos supuestamente los únicos que reproducirán las antiguas formas de mirar y comprender, cuando en realidad debemos mirar hacia delante y dejar a la "gloriosa" historia atrás.