Manuel Terán

Espacio público

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30 de November de 2011 00:02

Hace poco se generó una controversia porque trascendió a los medios una propuesta de una empresa inmobiliaria para construir torres de departamentos en el espacio que ahora ocupa el Colegio Benalcázar. Parecería que ante el rechazo generado el Cabildo ha resuelto descartar esa oferta y estudiar otras posibilidades. Si los proyectos cumplen las normas y regulaciones existentes, y si se van a realizar en terrenos privados, nada de malo hay en aquello, mejor que la construcción siga al alza pero vigilando eso si que no se creen burbujas que luego puedan ser perniciosas. El asunto toma otro carácter porque se trata de un espacio de propiedad de la Municipalidad que por sus características, situación y tamaño de ninguna manera el uso que deba darse puede pasar desapercibido. Dicho colegio ha funcionado en ese lugar por décadas. Si ahora ya no es funcional, le corresponderá al Municipio buscar el sitio adecuado para que los educandos puedan desarrollar sus tareas acorde a los estándares actualmente exigidos, para lograr una educación integral y de calidad. También tendrá que analizar la manera que obtendrá los recursos para construir ese nuevo centro.

Pero por el solo hecho que se presente esa necesidad no se puede pensar en despojar a la ciudad de un espacio público. Quito ha visto reducirse en forma significativa los lugares abiertos, donde la gente transite con seguridad. ¿No sería ese el espacio ideal para devolver a la ciudad un lugar en donde podría erigirse un teatro apropiado, que sea un ícono y se representen las artes como en las grandes urbes? ¿No tiene la obligación el Cabildo de ser el gestor para que la capital sea destino obligado de grandes orquestas, compañías de danza, teatro y otras expresiones artísticas?

Al momento para el tamaño de la ciudad únicamente existen dos escenarios que pueden abastecer en cierta forma esas necesidades. El Teatro de la Casa de la Cultura y la Casa de la Música, cuya existencia se debe en este segundo caso a la generosidad de una familia de emigrantes. ¿Qué existe por fuera de ellos? ¿Tiene Quito un teatro en donde se programen temporadas permanentes de música u otras artes en forma adecuada? ¿Se puede acceder a un lugar de espectáculos sin que se arme un caos en la circulación?

Una localidad de esas características daría otra impresión de la ciudad. En los subsuelos podría funcionar en forma permanente un parqueadero público, que descongestione la zona otorgando mayor fluidez vehicular. Sería un entorno diferente, cuya planificación debería pensarse para las décadas siguientes. Claro está que una obra de estas características demandaría ingentes recursos, pero las autoridades tienen los equipos suficientes para analizar su factibilidad y posibles fuentes de financiamiento. Suena a utopía, pero se puede soñar en una ciudad en donde sus habitantes disfruten de las artes.