Milton Luna

¡No más escuelas cerradas!

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Para el mesías la historia inicia con su nacimiento. Lo anterior solo justifica su fulguroso aparecimiento. Para el historiador profesional, en la Historia hay rupturas y continuidades. Las revoluciones son rupturas políticas. Pero bajo ellas, en lo subterráneo, pueden permanecer intactas viejas estructuras económicas y mentales, que continúan o se adecuan. Entonces, algunas revoluciones, si no topan lo profundo, no cambian nada. E incluso son un retroceso.

La Revolución Ciudadana, RC, como cualquier expresión populista y autoritaria, se ve refundando el país. Antes de mí nada, dicen sus líderes y se autoconvencen en su desconocimiento de la historia.

La RC podría ser una ruptura, pero no para el avance, sino para el retroceso. Ejemplo: en este periodo verdeflex se cierran cientos de escuelas rurales, en medio de un drama familiar y comunitario, que ve a sus niños transitar largas distancias para llegar a las escuelas del milenio. En la década de los años 50 del siglo XX, sin tanta plata como ahora, se abrieron cientos de escuelas en las propias comunidades. Entre 1953 y 1958, en los gobiernos de José María Velasco Ibarra y de Camilo Ponce Enríquez, se fundaron 709 escuelas, pasaron de 3 121 en 1953 a 3 820 en 1958.

Estas escuelas rurales se fundaron bajo el concepto de estar cerca a los niños e interactuar con la comunidad. La tesis era: escuela-comunidad-cambio. La educación era concebida como un instrumento para, desde y a través de ella, generar el desarrollo integral de los territorios y de los pueblos. La educación debía ser pertinente y responder a las necesidades locales. Estudiantes ligados al contexto y aprendiendo en su idioma.

Maestros líderes de las trasformaciones educativas e insertados en una permanente movilización social, por medio de mingas y del fortalecimiento de la organización indígena y rural-mestiza, para lograr el afianzamiento de las escuelas y el mejoramiento de las comarcas. Poblaciones apropiadas del destino de sus hijos y de su desarrollo a través de la escuela.

Tal propuesta fue asumida con entusiasmo por las comunidades, pero las más de las veces, descuidada por muchos gobiernos (no por todos). De todas maneras, la escuela fue apropiada y recreada por la comunidad indígena y rural-mestiza, convirtiéndose en el centro de su reproducción social y cultural.

Hoy la RC, bajo sus obsesiones de centralismo, control, eficiencia y estandarización, arremete contra la escuela rural y contra la comunidad, sin entender su pasado y su poderosa energía para cambiar y emprender el siempre bloqueado desarrollo rural integral.

Ante el cierre de escuelas, la indignación crece. Muchas comunidades han impedido su clausura. ¡No más escuelas cerradas!, y ¡mejores escuelas de comunidad! son consignas que unen a los inconformes.