8 de March de 2011 00:00

Errores y horrores

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Fernando Larenas

En un artículo anterior, que abordaba la vocación democrática de la izquierda brasileña, forjada a sangre y fuego desde los sindicatos opuestos a la dictadura militar, llamó la atención de los lectores la frase de un político. “Cuando los funcionarios públicos se equivocan, la gente no puede castigar al Fisco dejando de pagar sus impuestos. Si la prensa se equivoca, el lector o las audiencias tienen la opción de leer otro diario o de ver y oír un noticiero en la TV o en la radio”.

En la Tierra no existen personas perfectas, el único perfecto es Dios, aunque también hay algunos políticos que se creen con esos poderes y nunca admiten un error. Los medios de comunicación, los libros, las revistas y hasta la Constitución de Montecristi están plagados de toda clase de errores gramaticales, de faltas de concordancia, etc.

Lo importante es que los errores sean mínimos, que no sean malintencionados, que no destruyan. En el mismo artículo fue mencionado el aniversario de la Folha de Sao Paulo, un diario que trata de no cometer gazapos, pero no puede evitarlos. En la página 2 publica todos los días sus fallas, por mínimas o imperceptibles que parezcan, bajo un título directo y preciso: erramos.

Cita uno tan elemental cometido en la tira cómica, que en nuestro medio se conoce con el nombre propio de Olafo, y en Brasil como Hagar. Por un descuido en la traducción, la esposa interroga a Olafo por qué come tan a prisa. El personaje responde que no confía en los preservativos (?). Lo que Olafo había visto en la etiqueta es que el producto tenía preservantes, pero el traductor se confundió con preservativos.

Errores tan garrafales como el de citar a la Biblia sin leerla, porque si el periodista lo hubie-ra hecho jamás habría escrito que el hombre fue creado por Dios a partir de una costilla. En la rectificación al día siguiente el Diario aclara que la creación fue de una porción de barro y que la mujer lo fue a partir de una costilla de Adán, el primer hombre que habitó la tierra según el relato bíblico.

La falta de prolijidad llevó a un periodista a cambiar el nombre al autor de Don Quijote, Miguel de Cervantes, a quien denominó ‘Manoel’. Otro aseguró que Kenyo, el segundo nombre de Alberto Fujimori, quiere decir Alberto. Además, los nombres no deben ser traducidos, salvo las sugerencias académicas para una mejor comprensión.

Al describir un paisaje el pie de foto indicaba una ‘plantación de vinos’. ¿A quién se le puede ocurrir que el vino se planta?, lo que el periodista quería describir era una viña o, por último, un viñedo. O decir que el tatú (armadillo) nace de un huevo, cuando es un mamífero. El periodismo admite sus errores, el que se cree perfecto o que se lo sabe todo simplemente debe jubilarse, el error es válido, los horrores deben evitarse.

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