Fernando Larenas

Entrevista con Stalin

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22 de julio de 2014 00:05

Fernando Larenas
@flarenasec

Arnaldo Jabor no solo es un periodista del diario O Globo de Brasil y de la mayor radio de ese país, la CBN (Central Brasileira de Noticias). También es cineasta, documentalista, dramaturgo y escritor. Es, además, un gran investigador de la historia universal.

En pleno Mundial de Fútbol publicó una entrevista imaginaria a uno de los personajes más siniestros de la política del siglo XX: Iósif (José) Stalin (1879-1953).

Para justificar esa entrevista, Jabor sostiene que el camarada Stalin está siendo muy recordado e imitado en algunos países. Preguntas insidiosas y respuestas cargadas de ironía, la entrevista alborotó las conciencias de muchos:

“Me convertí en la sombra de lo que fui, me insultan y me confunden con los fascistas y con los nazis que eran una imitación barata del bolchevismo. El comunismo es el sustituto del sueño de la inmortalidad de los cristianos, el comunista no muere porque se convierte en un concepto, quien muere es el pequeño burgués”.

¿Camarada, usted mató mucha gente?
“Me acusan de mucha crueldad, lo que hacíamos era una mutación de la vida humana y es imposible hacer una revolución sin crueldad y sin tiranía. El propio Hitler, que me plagiaba todo, dijo: ‘Tenemos que ser crueles, tenemos que mantener la conciencia tranquila de ser crueles’.

Y yo digo que si no fuésemos crueles no tendríamos el socialismo. Cómo hubiéramos hecho la revolución en el campo sin matar a 800 000 kulaks, esos campesinos alienados, chupa sangre. Muy bien que los campesinos rusos eran analfabetos y no podían leer diarios y libros”.

Pero camarada ¿usted no cree que exageró?
“La muerte de una persona es una tragedia, la de millones es una estadística. Tuvimos que dar mucho coñac a nuestros soldados para que rompan el récord de fusilar a 28 000 traidores en cuatro semanas. Los soldados tuvieron que beber mucho para cumplir mis órdenes porque vomitaban y lloraban y esto sin contar con los 40 000 oficiales del ejército que fusilé”.

¿Pero camarada, usted no sentía culpa?
“Nada, la compasión es un sentimiento de enfermeras. Entre nosotros no tengo nada que esconder, la euforia que sentía por la muerte de millares de hombres bajo mis órdenes era un delicioso vértigo. Las ideas son mucho más poderosas que las armas, nosotros no permitimos que los enemigos tengan armas.

Creo que Brasil está por el buen camino de controlar la prensa, que es un arma peligrosa. La propaganda tiene que ser popular y acomodarse a la comprensión de los menos inteligentes. Como usted ve, estoy repitiendo la frase de la bestia de Hitler.

Él nos dio un buen consejo que sirve para su país, querido periodista: Cuanto mayor es la mentira, mayor la chance de creer en ella. Mis ideas aún repercuten en Argentina y en Venezuela, vea cuántos seguidores tenemos ahí, la única cosa que importa es el control de la sociedad”.