Oswaldo Jarrín R.

¡Enriquézcanse!

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Propiamente, la expresión de Deng Xiaoping fue “es glorioso enriquecerse”. En esta aparentemente simple arenga económica estaba liberando el espíritu empresarial. Estaba dando el más grande paso a la liberalización de la economía de las fuerzas productivas para forjar capitales que instituyan el crecimiento económico, que hoy le ha llevado a China a nivel de potencia emergente.

Esta reforma de la economía socialista se realizaba en un país comunista, que había sufrido los duros embates del autoritarismo represivo y persecutorio de Mao Zedong en un ambiente perverso mezclado de abusos, odios, temores, caos y violencia de la que se apoderaron desde antes de su muerte sus seguidores con la tristemente célebre Revolución Cultural y de sus temibles guardias rojos.

Se perseguía a intelectuales que traicionaban a los ideales del partido dominante, de “su” asamblea popular y de “su” líder supremo, por ser partidarios de ideas capitalistas, derechistas y contrarrevolucionarias.

No obstante la persecución, Den Xiaoping, en forma coloquial, manifestó que no importaba que el gato sea negro o blanco, lo que importaba era que cace ratones.

Su visión de asociar al socialismo las características del mercado, algunos autores la reconocen como una economía social de mercado o tercera vía; sin embargo, lo importante radica en no satanizar al capital, a su acumulación, peor aún a los que lo posean.

Liberalizando la economía, con acumulación de capital y ahorro, es lo que ha llevado a China a ser un país, ultraexportador con enorme ahorro interno para captar el mercado financiero mundial.

El Estado se ha fortalecido con un eficiente crecimiento económico privado y en el ahorro mas no con el consumo. La atención del individuo sobre el capital está en la recaudación impositiva, para la distribución de la riqueza; pero primero créenla, ¡enriquézcanse!

El modelo keynesiano de la II Guerra Mundial, que considera que el ahorro es malo, recesivo y el consumo es reactivante pasó de moda. Así lo demostraron los ‘tigres del Asia’.

En la globalización, el crecimiento económico es el producto de la liberalización de las fuerzas productivas, conquista de mercados, inversiones internas y externas que sigan modelos económicos como el “Gershenkron”, llamada de la industrialización tardía, que ayuda a los países menos avanzados a acortar su proceso de desarrollo basados en tecnologías de punta creadas previamente no por ellos, pero adoptadas por la transferencia de los países desarrollados; pero sin ideología, para poner fin al retraso de la pesadilla de la larga noche pseudosocialista.

No son malos el capital, la propiedad privada, el ahorro, las herencias, las utilidades de los trabajadores y de la banca; los hacen malos quienes por falta de capacidad e iniciativa, les resulta más fácil restar a los que han sabido sumar capitales legítimamente.