Columnista Invitado

Las cuentas en orden

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Por estos días se conoció la noticia de que el Ecuador cumplió con el desembolso de 650 millones de dólares para pagar deuda externa comercial. El hecho de que Ecuador haya pagado su deuda (de 650 millones de dólares) marca un precedente más que auspicioso para los tiempos venideros. Significa una reafirmación de seguir por el sendero de la inversión y el desarrollo, ya que al cumplir con estas obligaciones, se está actuando conforme al deber, y esa es una buena muestra para aquellos que quieran invertir en el país.

Y esto sucede a pesar de que la situación internacional no acompaña -el precio del petróleo es clave para la economía ecuatoriana, y no atraviesa su mejor momento-, con lo cual es doblemente meritorio.

El Estado tiene la responsabilidad de pensar en el futuro en función de los recursos de los que dispone hoy, y eso revela la capacidad de administrar bien (a contrapelo de lo que se dice en relación a que los gobiernos progresistas no son eficientes en la administración).

Este tipo de medidas macroeconómicas es indicio de un país que crece y que tiene proyecciones de seguir haciéndolo, aún en el marco de una coyuntura desfavorable. Pero al mismo tiempo son medidas que encarnan una fuerte determinación política fundada en dos valores que son fundamentales para la política de este tiempo: saldar las deudas que son legítimas para que no se transforme en un peso sobre las espaldas de los ciudadanos y ser responsables, no solo al momento de pagar, sino también cuando es tiempo de endeudarse para poder afrontar las inversiones necesarias para seguir creciendo.

Hemos aprendido que los contextos internos y externos pueden condicionar la gestión de un gobierno. Sabemos mucho de ello los latinoamericanos, con nuestros destinos muchas veces librados a las definiciones de grupos nacionales e internacionales que han priorizado sus intereses por sobre los de una nación.

Vale recordar que con la llegada al gobierno del presidente Rafael Correa se conformó una comisión de auditoría de la deuda, la cual determinó que para el pago y repago de la deuda del país se utilizaron procedimientos inadecuados. La auditoría demostró que había especuladores que compraban los bonos de la deuda al 20% para luego venderle al propio Estado con un porcentaje mucho más elevado.

En recientes declaraciones, el canciller Ricardo Patiño destacó la oportunidad que tuvo el país gracias a la posibilidad de revisar las deudas, lo que le permitió al país recuperar recursos y al mismo tiempo señaló que Ecuador es muy respetuoso de las deudas legítimas adquiridas con otros países y con organismo internacionales.

En definitiva, se trata de administrar los recursos del Estado, multiplicarlos y distribuirlos estratégicamente, donde la alternativa de tomar deuda debe ser concebida como una herramienta de inversión a mediano y largo plazos, que lleva de la mano un compromiso de pago ordenado, y no para hipotecar el futuro de nuestros hijos.