Enrique Echeverría

Desocupados

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Últimas informaciones (29-10-2016) dan cuenta de la desocupación de afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social quienes, despedidos de sus trabajos en empresas, han acudido para solicitar el fondo de desempleo, dinero que sirve para 5 meses. Se supone que, dentro de ese plazo, volverán a conseguir ubicación.

Es considerable la cantidad de 108 millones de dólares destinados a pagar este seguro. Solo desde abril de este año hasta mediados de octubre, 23 485 personas. Son afiliados del Seguro Social, pero a semejante cifra habría que aumentar los despedidos en los trabajos que no tienen relación con el IESS.

¿Cuántas familias lamentan, a esta fecha, la desocupación de alguno o algunos de sus miembros?

En días pasados un acreditado periodista realizó observaciones sobre este tema, con cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos. La réplica –como es costumbre en este tiempo- fue en términos de confrontación: que la definición de desempleo proviene de recomendaciones internacionales de la Organización Internacional del Trabajo. ¿“Ha leído usted las resoluciones de las conferencias de Estadísticos del Trabajo de 1982 y del 2013? Si no lo ha hecho, le recomendamos leerlas”, dicen al periodista quien, en asuntos de economía, no es ningún pintado en la pared. Estos conocimientos eruditos, los leí justamente cuando el día anterior un relacionado de mi familia quedó sin trabajo.

Antes de él, un familiar también fue a desocupación por reducción de personal en un banco; y, antes, todo un año estuvo desocupado un hijo. Estos dos últimos son personas con estudios especializados, de larga experiencia en trabajo conexo y, gracias a ello, fueron escogidos en otras empresas. Pero el recién despedido no tiene esas cualidades: ¿cuánto tiempo deberá estar desocupado? Lo terrible para él es que tiene familia y aunque reciba apoyo, aquel no es un estilo de vida soportable por mucho tiempo.
¿Qué harán los padres despedidos que tienen hijos, que deben pagar pensiones de educación, de arriendo si no tienen morada propia, entre otros rubros? Entonces, ¿de qué les sirve a ellos y a otros desocupados del Ecuador las resoluciones de las Conferencias de Estadísticos del Trabajo de 1982 y de 2013?

Ahora se dedican a clasificar a los empleados que reciben salarios de 366 dólares o un poco más. Otras categorías otorgan a quienes reciben cantidad menor; o, en el extremo, al trabajo “no remunerado”

Qué decir de los vendedores informales; y, ¿cuál la situación de los refugiados extranjeros que, acuciados por la necesidad, tratan de vender algo en las calles?

Este es el fruto de hostigar a las fuentes de producción y empleo. El espejo en que debemos mirarnos es el fracaso en Venezuela y su “hermano” Gobierno “revolucionario”.