Enrique Echeverría

El precio del tiempo

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¿El tiempo tiene valor económico? Sí, para el ciudadano común. No, para la “autoridad” que, desde un escritorio y computador en ristre, rige el tiempo de los reclamantes que deben ir y venir, gestionar la elaboración de oficios, llevarlos al destinatario, retornar con la constancia de recepción; ocupar más tiempo llevando y trayendo oficios. El tiempo transcurre y el interesado no avizora un resultado. Se convierte, así, en una especie de bola de ping pong.

En algunos casos de tránsito, el ir y venir se inicia con el oficio a la Unidad de Accidentología Vial. Disponen que un Agente Investigador de la Policía Judicial realice una investigación “exhaustiva” del accidente. Por cuanto no hay resultado, también se ordena la aprehensión del vehículo, calculando que, de ese modo, aparecería la persona que lo condujo. Para ello, otro oficio, esta vez a la Unidad Judicial de Tránsito. La respuesta: el vehículo tampoco aparece, igual que su conductora.

Al inicio el sistema marchaba bien. La investigación empezó a demorar ante la abundancia de casos, pues la Fiscalía comenzó a delegar trabajos adicionales como reconocimiento del lugar del hecho, recepción de versiones de los implicados y una serie de diligencias.

¡Demasiadas denuncias para tan pocas Fiscalías! El Fiscal no puede negarse a tramitar una denuncia. Alguna gente aprendió a disfrazar el presunto “delito”: un golpe en el brazo se lo presentó como “tentativa de asesinato”. La negativa de pago de daños por accidente de tránsito, cuya póliza no se había pagado, se disfrazó como “estafa”.

La autoridad está armada de sanciones para los litigantes que persisten en rápido despacho: a los abogados, multas; a quien debe cumplir alguna orden y no la cumple, el Art. 282 del Código Penal que prevé … “pena privativa de libertad de uno a tres años”.

Al ciudadano le corresponde callar la boca, inclinar la cabeza y esperar que algún día se agoten las garantías en favor de los enjuiciados, atendiendo el debido proceso.

¿El tiempo del litigante que busca sanción para el culpable no tiene precio? Contra él, sí, tanto que -especialmente en tránsito- a mitad de camino abandona el reclamo; o retira la acusación por “arreglo” con los acusados.

Los nuevos dirigentes del Consejo de la Judicatura deberán aliviar a los fiscales de tanta carga. Si el caso denunciado como delito no lo es, la negativa pueda ser apelada ante un Superior respecto a la admisibilidad. De otro modo, continuará aumentando el número de accidentes de tránsito ya que, por abandono o arreglo, numerosos hechos quedan impunes por fatiga, abandono o arreglo de las partes y terminan bajo la vieja regla: Más vale un mal arreglo que un buen juicio.

La abundancia en el fácil uso del papel sería muestra de burocratización enredada en su signo: el oficio.