Enrique Echeverría

Los padres del niño

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Ha nacido un hermoso niño, expresó en un programa de TV la distinguida periodista guayaquileña señora María Belén Arroyo y pronosticó que muchos reclamaran para sí la paternidad.

Se trata de la criatura nacida el 4 de febrero. Dotada, como se adjudicaba don Ernesto Albán Mosquera, con estas características: blanco como leche; rubio, con ojos azules, tan hermoso que en Navidad le alquilaban para exhibirlo en los pesebres de las casas de ricos.

Pero este niño del 4 de febrero es producto de la política; y, como en buena parte la política es reparto de empleos, altos sueldos, viajes, contratos para parientes, muchos supuestos “padres” del recién nacido reclamarán su derecho a gobernar y… repartir. Por algo son –como se diría en puro lenguaje intercultural y plurinacional- “el taita del guagua”

Surgirán algunos problemas. No olvidemos que para “luchar” por el sí, se constituyeron 40 agrupaciones, es decir que se deberá atender por lo menos a 40 padres del recién nacido, más otros que también se adjudican, por su cuenta, el triunfo. La primera sorpresa es la situación del chulla quiteño Julian Assange, nacido -según nuestro Registro Civil- en Quito. (Por poco le registran en la Plaza Grande y al pie de Carondelet).

El pastel político para el 2018 tiene tamaño reducido, pues una parte ya se lo comieron los de la mesa servida, a pesar de que –como advirtió el Ec. Alberto Dahik- estaba con alimento contaminado y vino envenenado. ¿Cómo repartir el saldo entre tantos que reclaman el triunfo? ¿El nuevo Gobierno deberá llegar a una situación en que, siguiendo el consejo del ex Ministro Dr. Franklin Tello Mercado, en 1964, deba “amarrarse el pantalón con riel”?

Haría bien el Presidente en contar con un Gabinete también con personas experimentadas. Están bien aquellos que el Presidente Velasco Ibarra los calificaba de “librescos”, pero hacen falta administradores no dedicados a la actividad política.

Las circunstancias del Ecuador son, en este momento, bastante delicadas en cuanto a lo económico. Los acreedores forman hilera para exigir al nuevo gobierno el pago de facturas inclusive millonarias; hay demasiada burocracia; obras por continuar y algunas, como la Refinería de Esmeraldas, con grandes inversiones. La deuda externa ahoga, etc, etc, etc.

No sería extraño que se produzca agitación social. Algunos estarán ya con instrumentos para afinar los dientes del “serrucho”, toda vez que el Presidente actual está rodeado precisamente de coautores del fracaso.

Esta es una época en la que la gente debe demostrar sus virtudes patrióticas como sustento de la actividad política. De otro modo, pensemos en la realidad de Venezuela y su fracaso como Estado.

¡Ha llegado al Ecuador la hora de un largo periodo de paz, estabilidad, tolerancia y comprensión cívica de la política activa!