Enrique Ayala Mora

Correa contra los militares

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“Me precipité sobre las bayonetas” dijo Velasco Ibarra, luego de que intentó dar un golpe de estado desde la Presidencia de la República y fue derrocado por los militares. Desde entonces, “precipitarse sobre las bayonetas” significa provocar conflictos con las Fuerzas Armadas desde el Gobierno.

Ahora Correa se precipita una y otra vez sobre las bayonetas, dando reiterados motivos para generar el rechazo de los militares y suscitando constantes rumores de que será objeto de un golpe de estado. Las provocaciones han sido muchas: enfrentar a los mandos con la tropa, socavar la disciplina, agredir a los militares en sus propios cuarteles, ofender a los mandos, desatender sus ceremonias, quitarle recursos al Issfa, eliminar los edecanes y hasta quizá suprimir los agregados militares de las embajadas.

Al principio, pudieron parecer errores, pero cada vez ha quedado más claro que Correa provoca a los militares para que lo saquen antes de concluir su período. Se dice que la situación económica, agravada por el desastroso manejo de la crisis, ha llevado a Correa a la certeza de que no podrá terminar el año que le falta sin aumentar más los impuestos y la deuda pública, sin elevar la represión y hasta sin poder evitar la desdolarización.

Se piensa, por ello, que Correa quiere que lo derroquen para dejar la imagen de que fue víctima de militares ambiciosos y de que las medidas extremas que la recesión y el desempleo demandan, fueron tomadas por quienes lo sucedan. Así dejaría la imagen de un mandatario democrático destituido por el golpismo militar. Así podría volver en pocos años al poder.La situación es confusa, pero dos hechos son claros. Por un lado, es inocultable que Correa trata de que los militares le boten. Por otro, es evidente que las Fuerzas Armadas no tienen intención de hacerlo y se aguantan las provocaciones, pese a que muchos “golpean las puertas de los cuarteles”.

La realidad, sin embargo, no es inmutable. Cierto es que no hay condiciones internas y sobre todo externas para una dictadura militar y que las Fuerzas Armadas han demostrado no estar dispuestas a derrocar al Gobierno. Pero aunque los militares se aguanten las provocaciones, puede llegar un momento en que la falta de recursos, la tendencia crónica a agredir y dividir al país, el peso de los impuestos, el desempleo, la corrupción rampante, la desdolarización no contenida o una crisis bancaria, nos lleven a una paralización y al desgobierno. Entonces, el arbitraje militar, tantas veces reeditado en nuestra historia, podría imponerse y cambiar las cosas.

Al paso que vamos, ni la reticencia de los militares, ni el aguante del pueblo, garantizan que un presidente provocador termine “precipitándose sobre las bayonetas”. Está en sus propias manos.