Enrique Ayala Mora

Pésima comunicación

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21 de agosto de 2014 23:43

Se ha discutido la pertinencia o aun la legalidad de que se establezcan restricciones al pago de utilidades a los empleados de las empresas telefónicas. La decisión al respecto, desde luego ya está tomada y, como siempre, lo que la ciudadanía pueda pensar no contará.

Pero quizá sí es conveniente constatar que ese derecho de los trabajadores, que fue un indudable avance en nuestra legislación, ha sido utilizado en forma abusiva en algunos casos. Es indiscutible que el 15% de las utilidades que ganó una fábrica de colchones o una ensambladora de autos sea distribuido entre quienes allí trabajan; pero es francamente escandaloso que los empleados de las petroleras estatales se repartan utilidades enormes que son de todo el pueblo ecuatoriano. Por ello, esto ha sido más o menos controlado ya con normas tributarias.

En lo que a las telefónicas extranjeras hace relación, debería procederse de igual manera, porque si se generan más ingresos por utilidades, está claro que el impuesto que deben pagar los empleados por Impuesto a la Renta debería también elevarse. No puede ser que haya trabajadores que, por estar en los servicios más necesarios que no generan utilidades, no ganen nada, y que otros reciban cantidades enormes. En todo esto deben prevalecer la sensatez y la equidad.

Pero mientras todo esto se discute, el servicio de las empresas de telefonía celular es cada vez más malo. Y sobre esto nadie puede quejarse. Para eso existen números de servicio al público, se dirá. Pero, cuando contestan, o sea casi nunca, la respuesta del operador es siempre la misma: “Hemos tomado en cuenta su llamada”. Pero no pasa nada. El servicio sigue pésimo. Y si uno intenta una nueva llamada, simplemente no se conecta, hasta cuando se rinde por el peso de la incomunicación.

Desde luego que hay momentos que las líneas se congestionan. Eso pasa en todas partes. Eso es excepcional. ¿Pero será normal que se haya intentado llamar quince veces a un teléfono de la misma empresa operadora y no se conecte? ¿Será aceptable que un aparato se quede “muerto” por horas? Y cuando alguien quiere quejarse ¿a quién acude? ¿Será que hay una dirección de Internet para hacerlo, con la certeza de que nunca se recibirá respuesta?

¿Será mucho pedir que las telefónicas, que usan nuestros celulares para enviarnos atorrantes anuncios y publicidad, manden un mensaje advirtiendo que el servicio se cortará o que estará complicado por tal o cual razón? ¿No estará dentro de los derechos de los consumidores saber qué pasa cuando el celular simplemente no se conecta no tres o cuatro, sino hasta treinta veces?

Decidí levantar mi queja en esta columna porque estoy seguro de que muchos lectores quisieran hacer lo mismo, aun a riesgo de que con este reclamo suceda igual que con los celulares, o sea que no se oiga nada.