Mario Osava

Energía y género: A.L.

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“A los enchufes las mujeres los quieren en lugares distintos que los hombres”, ejemplifica Sissy Larrea para enfatizar que género es también una cuestión importante en materia de energía en América Latina.

Las mujeres son las más afectadas por carencias energéticas en el trabajo doméstico, mayoritariamente a su cargo, y actividades como comercio y producción alimentaria, pero son marginadas en las decisiones del sector.
Por tratarse, como se piensa, de “un área técnica, no social, los hombres asumen la dirección y a las mujeres les tocan servicios de administración”, observó la asesora en Equidad de Género de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), que tiene sede en la capital de Ecuador.


Con la contratación de Larrea, antropóloga con dos décadas de experiencia en temas de género, la Olade intensificó desde 2012 la capacitación y la sensibilización de gobiernos e instituciones para adopción de políticas y herramientas para la equidad entre hombres y mujeres en los órganos de decisión.

Unidades o comisiones de género fueron creadas o fortalecidas en ministerios y empresas de muchos países como Haití, México y Uruguay, como mecanismo para superar inequidades.
La capacitación, a través de cursos variados y asistencia técnica, es el principal instrumento de la Olade para cumplir la misión con que fue fundada en 1973, la de contribuir a la integración y la seguridad energética regional, al desarrollo sustentable y la cooperación entre sus 27 países miembros de América Latina y el Caribe.


Sumando los llamados “diplomados”, cursos presenciales intensivos de seis semanas, a la capacitación virtual de 10 horas, un total de 7 200 especialistas ampliaron sus conocimientos en temas como planificación, energías renovables, inclusión social y eficiencia energética. La cantidad creció mucho desde 2006, cuando hubo 263 participantes.

El “salto” ocurrió con las nuevas herramientas adoptadas en los cursos virtuales a partir de 2012, explicó Paola Carrera, coordinadora de Gestión de la Información y Capacitación. El curso sobre Pérdidas Eléctricas en 2016, por ejemplo, tuvo más de 800 participantes.
Además de la sede en Quito, subsedes en Honduras y Jamaica contribuyen a la expansión, atendiendo a interesados del Caribe y América Central.


Los cursos, interdisciplinarios y plurinacionales, son “enriquecedores”. “Me percaté que la situación energética de Centroamérica es muy diferente a la de Sudamérica”, dijo Gloriana Alvarado, del estatal Instituto Costarricense de Electricidad, recordando su participación en el diplomado de 2013 en Quito.


Le interesó la gestión energética sudamericana, con los conflictos debidos al uso de hidrocarburos en la generación eléctrica, en contraste con Costa Rica, donde “se genera más de 95 por ciento con fuentes renovables”, principalmente hídrica, eólica y geotérmica, acotó.