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El Gobierno ecuatoriano está en una encrucijada de caminos que conducen a destinos muy diferentes. Ya no es verdad que todos los caminos conducen a Roma, como se decía en la antigüedad.

El Gobierno debe elegir un camino y solo tiene dos: profundizar la revolución, como anunció en primera instancia o hacer correcciones y cambiar de rumbo, como le proponen los movimientos sociales, los campesinos, los empresarios y hasta la Iglesia.

Las circunstancias extraordinarias que le obligan a esta decisión son la caída de los precios del petróleo, la revaluación del dólar, el proceso eruptivo del Cotopaxi y la presencia del fenómeno de El Niño. De los años de bonanza que podían habernos dejado ahorros para la crisis, solo nos quedan deudas, un aparato estatal sobredimensionado y una sociedad dividida y exaltada.

Si el Gobierno toma el camino de profundizar la revolución, continuará tratando de tranquilizar, minimizar el problema y empujarlo hacia adelante incrementando la deuda externa. Si mantiene el gasto público en los mismos niveles y la economía nacional dependiente del gasto estatal, seguirá contratando deuda aunque sea en términos cada vez más onerosos. Por este camino las exportaciones ecuatorianas perderán competitividad, habrá empresas que no puedan superar la crisis, se producirá desempleo y el malestar social será creciente. El Gobierno necesitará aprobar las enmiendas para contar con más facultades y asegurar su permanencia en el poder. Este camino nos conducirá a una situación parecida a la de Venezuela: manejo calamitoso de la economía, conducción extravagante de la política y cada día más aferrados al poder.

El otro camino es la rectificación, la restauración de la confianza para abrir un diálogo con todos y afrontar juntos la crisis. El archivo de las enmiendas para probar que se busca un camino democrático. Devolver a la empresa privada las posibilidades de producir bienes y servicios, generar empleo y pagar impuestos. Atraer la inversión extranjera, incentivar la inversión nacional y garantizar la seguridad. Devolver la libertad de expresión, la independencia de la justicia y la garantía de elecciones libres. De todos modos, se necesitarán recursos adicionales del exterior, pero en condiciones más favorables apelando a los organismos multilaterales. Serían necesarios ajustes, pero con un acuerdo social que impida que se pase a los más pobres el costo de la crisis.

¿Cuál será el camino que tome el Gobierno? El ejemplo de Grecia puede servir para advertir que no importa la ideología a la hora de afrontar las crisis. El gobierno socialista ha hecho lo mismo que aconsejaba la derecha. Alexis Tsipras se ha movido hacia el centro para evitar la extrema izquierda ilusa y la extrema derecha egoísta. Puede ganar nuevamente las elecciones demostrando que uno de los nombres de la democracia es sentido común.