Vicente Albornoz Guarderas

Emergencias de verdad

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1 de April de 2012 00:03

La mitad de la Costa está inundada, se han perdido miles de hectáreas de cultivos, hay varias carreteras cerradas por los derrumbes, desde Tulcán hasta Cuenca las inundaciones causan pérdidas humanas y materiales. Esto sí es una emergencia.

El problema es que nos sorprendió sin recursos para enfrentarla.

El Ecuador es un país proclive a los desastres. En las últimas décadas, hemos pasado por la crisis bancaria y el fenómeno de El Niño de 1999. No mucho antes enfrentamos la guerra con el Perú y retrocediendo un poco más, sufrimos la rotura del oleoducto por un terremoto y el primer fenómeno de El Niño (1982).

La experiencia decía que tarde o temprano volveríamos a tener una gran emergencia. Para eso, en una época remota (2002) se creó unos fondos de ahorro para las emergencias, con la idea de tener recursos en los momentos críticos. Y, lo más importante, se puso límites al crecimiento del gasto público para que, en caso que hubiera más ingresos, el Estado ahorrara una parte.

Entonces llegó un gobierno que declaró al ahorro neoliberal y dijo que no era correcto ahorrar porque eso beneficiaba a los acreedores del país. Decían que el ahorro era especialmente malo porque permitía pagar deudas, cuando el objetivo de guardar plata es tener recursos para los momentos difíciles.

Como la ley solo permitía gastar el dinero de los fondos cuando se declarara el "estado de emergencia", durante el año 2007 el gobierno hizo innumerables declaraciones de esas. Luego, simplemente se cambió la ley y la platita ahorrada pasó al presupuesto del Estado para gastarse a manos llenas, sobre todo en el 2008.

¿De qué sirvió eso? Pues fue un gran impulso para las importaciones, porque el gobierno introdujo una inmensa cantidad de recursos en la economía y, como el sector productivo no invierte cuando le tratan mal, la producción no pudo reaccionar ante esa creciente demanda y mucho del gasto público adicional terminó yéndose a importaciones. En 2008, el gasto público creció en USD9.200 millones frente al año anterior, mientras que las importaciones crecieron USD4.700 millones en el mismo período.

Y otra parte del aumento del gasto se convirtió en inflación: el 2008 tiene el récord de la inflación más alta desde la dolarización. Por cierto, para financiar ese inmenso gasto, se echó mano a USD 4000 millones de ahorros.

Y con todo esto, ahora que hay una emergencia de verdad, el gobierno no tiene ahorros para enfrentarla. ¿De qué otra manera se puede explicar la lentitud en declarar (esta vez correctamente) la emergencia en varias provincias? Hoy es cuando las arcas públicas deberían abrirse para paliar los destrozos de la lluvia, hoy es cuando no se debería escatimar gastos para salvar vidas. Pero hoy no tenemos ahorros para hacerlo.