Jorge G. León Trujillo

Embarazos y laicismo

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24 de June de 2013 00:01

Paján es una espina para la conciencia nacional, 45% de sus embarazadas son adolescentes. Ecuador es el país de América Latina con mayor porcentaje de adolescentes embarazadas, generalmente pobres. Eso quiere decir una triste vida para la futura joven y aún más para sus hijos. Cómo no ver tras de ello una desgracia colectiva de niños que llegan al mundo sin ser generalmente deseados, sin condiciones apropiadas para vivir. Se reproduce e intensifica la peor pobreza, esa en la que escasean recursos y esperanza.

La sociedad no puede permitirse esta situación si quiere una vida mejor que la de los antepasados. Debe ser una causa nacional asumida por la sociedad y el Gobierno frenar y terminar esta situación de miles de adolescentes. Una política positiva del Gobierno es la promoción de medios anticonceptivos y una educación temprana sobre una sexualidad responsable. Este programa requiere ser ampliado a los adultos, es en casa que se anida la mentalidad que lleva a este grave problema social. Se desconoce lo que una vida sexual sana y responsable con la reproducción puede ser, pero también están los prejuicios que precisamente la pobreza y el desconocimiento alimentan, además de aquellos aún más perjudiciales que el clero católico refuerza. Una entrevistada de Paján lo recordó.

A una militante social de Cemoplaf en un pueblo lojano que yo entrevistaba sus ojos bruscamente se llenaron de lágrimas ante una embarazada que, para mí ya anciana, parada en el umbral de su modesto cuarto- almacén, no osaba entrar, avergonzada y desecha a la vez con su 12avo hijo. "¿Por qué no tomó las píldoras que le he regalado? le recriminaba. La lavandera embarazada sollozaba que no podía porque el sacerdote le dijo que no le daría la absolución.

Alguna vez en Francia, entré a una iglesia a buscar a un amigo que no terminaba de salir de misa, estaba en plena disputa con el sacerdote, le reprochaba severamente por hablar contra los medios anticonceptivos. Le recordó que Francia era una sociedad laica y que debía aprender a respetar lo que la sociedad ha cambiado de las creencias religiosas y que la vida intima, tal la reproducción, era una cuestión de cada familia, él debía respetarla con su silencio y no seguir en eso al Vaticano.

Este laicismo se requiere para, entre otros aspectos, frenar la creciente demografía, tan irresponsablemente alimentada por esos prejuicios. La opción gubernamental señalada ya es una responsable decisión, pero se debe contrarrestar los prejuicios que rechazan a los medios anticonceptivos. Las creencias religiosas siempre están atrasadas en relación a los cambios sociales, no se puede esperar que el clero evalúe. Por eso, cuán positivo sería que Correa, creyente católico y laico, aproveche su credibilidad para promocionar esta causa y contribuir a que los católicos, sobre todo los pobres, den un salto por encima de esos prejuicios.